martes, 27 de agosto de 2013

Diana Krall en Madrid

El 25 de julio la temperatura (real) en Madrid alcanzó los 37 C. Un día muy caluroso. Diana Krall salió con su grupo poco después de las nueve y media al escenario del Circo Price, de acústica y tamaño ideales para su actuación.

Al buzo le sorprendieron los instrumentos en el escenario. Habían desaparecido  las guitarras de jazz y, en su lugar, había, por un lado, guitarras acústicas, mandolina y violines y, por otro, guitarras eléctricas cañeras. Y, además, un segundo teclado electrónico. Después fue viendo cómo, junto al sonido de  la Diana Krall elegante y clásico de siempre, iban surgiendo otros dos estilos con las nuevas canciones de los dos últimos discos.


El primero con un sonido duro y desgarrado a veces, con guitarras eléctricas secas, planas, de notas largas y sin reverberación; con el contrabajo y la batería muy presentes. Hay apareció Temptation, una canción inimaginable para Diana Krall hasta no oírla. Extraña canción de Tom Waits con una gran letra y en la que, en la interpretación que oímos, el contrabajo y la batería estaban siempre en un primer plano con un solo de guitarra durísimo y en el que la voz de la cantante se arrastró formidablemente en el estribillo, oh, temptation, temptation, I can't resist.

En este estilo está también otro descubrimiento, Lonely avenue, la gran canción que Doc Pomus escribió en su día para Ray Charles. Un blues tristísimo que suena perfecto en la voz de Krall y que no desmerece  ni la versión original ni la posterior que hiciera en su día Van Morrison.


El “nuevo” segundo estilo es más acústico tirando, a veces, a un cierto country evolucionado y, otras, a un sonido honky tonk. Podríamos mencionar varias canciones pero me quedo, en este caso, con la maravilla de Let it rain, lentísima y tan sentida que hace buena una letra que podría resultar empalagosa.  

A decir de algunos críticos Diana Krall estuvo, además, simpática y distendida, lo que por lo visto no había pasado en anteriores actuaciones en que se le achacaba estiramiento y frialdad. O sea, demasiado cool en su papel de diva cool del jazz.

Sea como fuere  demostró que hoy por hoy, Diana Krall no tiene rival en su estilo. Un jazz tranquilo, melódico y convencional, que sin embargo sigue descubriendo para su estilo nuevas canciones para convertirlas en standards y que – eppur si muove - no deja de evolucionar. A mejor.
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