miércoles, 5 de noviembre de 2014

Rectificar los nombres: un deber nacional

Me ha parecido interesante e instructivo el artículo Bankia no es un Bankio que Alex Grijelmo, formidable comunicador y divulgador sobre temas lingüísticos, escribió el domingo en El País



En él se recorre y comenta la historia de los sucesivos cambios de nombres que sufrió la entidad desde ser la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, (en que el logo era una hucha que abrazaba el oso)a Cajamadrid, en que desaparece el concepto de ahorro y su preservación, o sea, la hucha, quedando sólo el oso; hasta pasar al Bankia que acabó como todos estamos viendo: preferentes, ruina y tarjetas negras.



Nos recuerda la idea de Aristóteles y Confucio en relación con que debe haber una correspondencia entre la realidad y lo que se nombra. En concreto recuerda la frase de Confucio que respondía a lo que, en su opinión, era lo primero que debía hacerse para ordenar el estado:

"Lo primero que hace falta es la rectificación de los nombres. Si los nombres no son correctos, las palabras no se ajustarán a lo que representan, y si las palabras no se ajustan a lo que representan, las tareas no se llevarán a cabo..., y el pueblo no sabrá cómo obrar"

Y aquí, hace ya tiempo que el lenguaje es una cosa y la realidad otra. Normalmente, los nombres enmascaran la realidad. Muchas veces, a lo bobo, por imitar el inglés. Cibeles fashion week, por decir un ejemplo. O los bocadillos (perdon, "sandwiches") de máquinas expendedoras que se llaman ñaming que a veces llevan de apellido delicious. Luego está el rollo latinajo, como Abertis, Acciona y muchos más.



El último que he visto escrito es el Hearing. Dice Esperanza Aguirre que antes de nombrar cualquier cargo político, para evitar la corrupción, tienen que someterse a un "hearing", o sea, hacer una "comparecencia" o "examen" y que le pregunten por su vida y milagros. (Que digo que si ya tenemos comparecencia o examen, ¿para que queremos el "hearing"?)

Para mi, que todo esto empezó cuando mandamos al Festival de Eurovisión una canción defendida por Rosa, (una chica andaluza rellenita que en la intimidad hablaba con mucho acento andaluz), de título Europe living a celebration

Y así comenzó el fin de nuestro imperio. O sea, de culo y cuesta abajo.
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