miércoles, 28 de marzo de 2012

Justificación del infanticidio

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El 23 de febrero la revista Journal of Medical Ethics publicó el artículo "After-birth abortion: why should the baby live" , de Alberto Giublini y Francesca Minerva, justificando el infanticidio, que ha causado a nivel mundial, primero revuelo, después indignación y estupor y asco, finalmente. Con razón.


El buzo no se siente ni con ánimo y con la sabiduría suficiente como para glosar mínimamente el tema, porque lo que nota es que le saldría, unicamente, ira e insultos a los autores y a los editores. Prefiere facilitarles el enlace al texto de la revista Journal of Medical Ethics, para que juzguen por ustedes mismos y sientan el horror de comprobar el tipo de razonamientos, el desprecio por la vida, el retorcimiento del lenguaje – sic “we propose to call this practice ‘after-birth-abortion’, rather than ‘infanticide’ -, la soberbia de pretender tener la razón para decidir o no sobre la vida de las personas, la falsa objetividad científica del relativismo moral, el nazismo en estado puro que acaba destilando “After-birth abortion…”.


Prefiere también indicarles dos textos en castellano que comentan el artículo y lo rebaten de manera sabia y  sosegada, cada uno en su estilo. El primero es el artículo de título Aborto, verdad y bioética  escrito por el profesor Cesar Nombela depositado en la página web bioeticaweb.com,  publicado en ABC el pasado 14 de marzo. Su inicio es lapidario, y anuncia el horror:


La reciente propuesta de los bioeticistas Giublini y Minerva en la revista británica Journal of Medical Ethics, que justifica el infanticidio en algunos casos, rompe todos los diques de contención de lo que cabía imaginar en relación con las obligaciones del hombre con sus semejantes. Aquí sí que cabe experimentar la sensación que Habermas ha denominado de «vértigo que tenemos cuando el suelo que creíamos seguro se escurre bajo nuestros pies».

El segundo corresponde a la entrada de fecha 3 demarzo en el blog Vientos deBrasil de Juan Arias en El Pais. En el párrafo final, Juan Arias incluye las frases siguientes 



“.. El nazismo sigue vivo. Los hornos crematorios aún no fueron apagados…” 

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