Voy buscando a Lupita
Voy camino de Mexico
Dicen que es tan bonita
Voy buscando su amor
Así comenzaba Lupita, la canción que Julián Granados cantaba en
1969 y 1970. Fue un enorme éxito.
Traía un aire exótico. A medio camino entre las
ensoñaciones de las películas del oeste y de las ingenuidades de la búsqueda
del primer amor en las almas adolescentes. Un gran sonido, una bella melodía – de Alfonso Saínz,
el de Los Pekenikes –y una letra un poco tópica pero memorable, que podía hacer que uno mismo se imaginara, en el papel de vaquero joven – como Ricky Nelson junto a John Wayne y Dean Martin en Río Bravo – habiéndolo
dejado todo, cruzando las sierras, buscando a Lupita….
Por el aire suena su voz
Mi guitarra en el hombro
Mi tequila y el sol
Los Buenos, grupo en el que Julián Granados (en el centro) era cantante
Además, estaba la formidable
imagen de Julián Granados, con su media melena lacia y las patillas; la imagen que uno
aspiraba entonces a tener en cuanto
tuviera un par de años más, y convenciera a sus padres que lo de llevar melena y
patillas no sólo no era inapropiado, sino que era el único aspecto decente que
un chico moderno de su tiempo – aquel tiempo de finales de los sesenta – podía lucir.
¡Qué tiempos! En ese mismo 1970, en el previo de Eurovisión se
eligió, (¡Ay Pepito, que me derrito!), a Gwendoline y a Julio Iglesias. Compitieron, entre otros y no ganaron, Nino
Bravo con Esa será mi casa – que no llegó ni a la final – y Donna Hightower y
Julián Granados con Soy Feliz. ¡En fin, así empezaba a evolucionar el cante!
Ni que decir tiene que el buzo perseveró en las patillas que
lució unos añitos. Y nunca olvidó a Lupita.
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