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Cuando en 1963 caía la nieve en Bélgica, lo que pasaba es que esa tarde ella no vendría, el amor se ponía de luto y era como un cortejo de lágrimas blancas porque caía la nieve y ella no vendría a verle. Lo cantaba
Salvatore Adamo y cinco años más tarde en el colegio
Corazón de María de
Zamora los niñatos de 2º de bachillerato nos poníamos muy lánguidos al escuchar eso de:
“Tombe la neige / tu ne viendras pas ce soir / tombe la niege / et mon coeur s’habille de noir…”.
Aquí, cincuenta años más tarde, en
Madrid cuando cae la nieve, ni se pone el amor de luto, ni se forma un cortejo de lágrimas blancas. Mayormente, lo que pasa siempre es que se arma
la de dios es cristo. O sea que casi nadie lleva cadenas, los pocos que las llevan no saben ponerlas. A mayores, no llevas potitos para los niños, todos atascados y como los camiones con la sal deben estar estacionados en
Móstoles no llegan a la carretera de
La Coruña y la delegada del Gobierno no está y muchos dicen, (con poco espíritu deportivo, la verdad),
que no hay derecho y que es una vergüenza y que no hay coordinación porque yo no me coordino, nosotros no nos coordinamos y ellos no se coordinan. Como verán, todo bastante prosaico y muy poco poético. No como en Bélgica.
Así es que el buzo recomienda no sólo para estos casos, pero especialmente por si te pilla una nevada y su
cojoatasco correspondiente en la A6 o en la A1, llevar en la guantera del coche un CD con los grandes éxitos de
Adamo, y llegado el caso ponerlo y escuchar
Tombe la neige. Si, además tenéis la versión que hizo
Lita Torello, (que NO está en
Youtube)
, miel sobre hojuelas. A falta de esta última se puede sustituir por una versión de la canción en serbio por
Radmila Karaklajic o en japonés - por ejemplo la de
Teresa Teng - dónde mucha gente piensa que es una canción tradicional.
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