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jueves, 10 de mayo de 2018

De excursión con Sursuncorda. Comida.

Cuando los amigos de Sursuncorda me hablaron del merendero de Terencio, (en donde íbamos a comer los parros asados), lo hicieron en unos términos casi apocalípticos; de forma que uno pensaba que se iba a encontrar algo rústico y descuidado, al estilo de "la taberna fantástica" de Alfonso Sastre o a los merenderos de la novela El Jarama.

Afortunadamente, ni hubo tal ni era para tanto. El restaurante merendero Terencio es un local muy apañado que, en la misma orilla del río Pirón, tiene dos zonas: una construida de bar y otra de entoldado-terraza  que es el merendero propiamente dicho. Además, hay que decir que al lado, las orillas del río Pirón, están habilitadas con tirolinas, etc. en unas instalaciones estupendas, que pueden ser utilizadas por todos pero que hacen las delicias, sobre todo, de los niños.



Lo importante fue la cosa de los parros. Que es como llaman por esta comarca a los patos que abundaban en las lagunas de la zona y, más tarde, comenzaron a criarse por las gentes de la zona que los reservaban para fiestas y para las festividades de Navidad. Lo que demuestra que no solo de cochinillo o de lechazo se vive en fiestas, en estas tierras segovianas de la comarca del Carracillo.

Por lo que podido averiguar, a los parros se les embadurna en la víspera con un adobo compuesto, básicamente, de vino y de diversas hierbas. Al día siguiente,una vez cogidos los sabores del adobo, se escurren y secan bien y se ponen a asar en el horno hasta un punto similar al de otros asados (que se desprenda la carne del hueso), dejando toda la grasilla del pato en el fondo, con lo que el resultado es diferente y muy rico y sustancioso. 





El menú es sencillo: ensalada y los parros en su fuente. Ni más ni menos, ni menos ni más.

Después de un toque de aviso a la dulzaina de José Luis, acompañado por Juanma al tambor, comenzó la fastuosa comida, con repeticiones varias de "mas parro" por parte de la mayoría, todo ello regado con vinillo de Rivera, agua y alguna fanta. 



Todo en su punto y medida, de forma que nos quedaron ganas, después de los helaos - postre único, también -  y los cafelitos, de hacer sobremesa musical - y recitativa por parte de Pajares - hasta bien entrada la tarde. (De la que, como soy un inútil y no se meter videos en el blog, no puedo poner imágenes de la actuación; que haberlas, haylas).

Con lo que echamos un buen rato en amor y compaña, con diversión propia y para la concurrencia. 



Bien entrada la tarde, en el turno de ruegos y preguntas; de las últimas no hubo, pero sí hubo un clamor general de que había que repetir más pronto que tarde el evento. 

Aprobada la propuesta por unanimidad, despedimos el sarao hasta el próximo San Parro.




miércoles, 25 de abril de 2018

De excursión con Sursuncorda. Aperitivo.

En Navas de Oro

Habíamos quedado en encontrarnos en Navas de Oro a la hora del aperitivo antes de la comida en el merendero TerencioNo sin trabajo, (baste con decir que para llegar a Navas de Oro tuvimos que salir del pueblo y volver a entrar), acabamos llegando, todavía después de alguna indagación adicional, a la Plaza Mayor. 




Escudo heráldico de Navas de Oro

Mientras Mª Cruz e Inma fueron a buscar el móvil de José al coche, entramos, en adelanto en el mesón Plaza Mayor. Muy limpio con una barra de pinchos no muy espectacular pero lucida. José me comento la afición en estos pueblos de comer estómagos de cerdo y los pedimos. Su nombre de guerra es cuajos (o cuajares). 

Los servían simplemente cocidos y fríos, con sal al gusto. Gustosos y con una especial textura (como toda casquería) pero sosos. Con un chorreton de aceite y pimentón o con un adobadito de matanza y un pase posterior por la plancha habrían estado mejor. Esto último fue lo que Pepi comentó que hacía ella con los cuajos. 

Después aparecieron Pajares y Pepi con Juanma y Loli y volvimos, ya todos, al asunto, con vinos verdejos, tintos de rivera y mas tapas: bacalao y gambas gabardina (buenos rebozados) y más cuajo. Pajares, José y Juanma recordaban, entre risas, sus andanzas de dulzaineros en la fiesta de San Cristobal del 10 de julio de este pueblo, con el multitudinario desfile de los camioneros y de los  camiones y de las bendiciones del cura del lugar.




El bar San-Bal

Después fuimos al San-Bal que es bar, restaurante y discoteca al tiempo, donde tomamos una oreja rebozada extraordinaria. Tajada grande sobre pan; rebozada con buen aceite y muy melosa. Me recordaba las tapas de lo mismo y de morro de Toro.

Despidiéndonos del San-Bal, con ello en el cuerpo y mejor que llegamos, dejamos Navas de Oro fuimos camino de Samboal, al encuentro del río Pirón, donde nos esperaban, en el merendero de Terencio, unos parros asados y el resto de la tropa Sursuncorda.