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miércoles, 24 de abril de 2019

Otros dos libros alemanes

Me paro a pensar que algunos de los libros que más me han gustado en los últimos años son alemanes.

Pienso en Ferdinand Von Schirach con su libro de relatos Crímenes o su novela El caso Collini, o en el magnífico e inclasificable Los huecos que deja el diablo de Alexander Kluger; autores ambos de los que se habló en este blog en 2013 (Dos libros alemanes) y 2015, (Los huecos que deja el diablo (Marzo 2015)). Pienso ahora en lecturas recientes. 

Como el libro, de pocas páginas pero de gran aliento, La belleza del universo de Stefan Klein, extraordinaria obra de divulgación científica, que ha sido bestseller en Alemania,  recientemente publicada en España por Seix Barral. 



O el inclasificable Hammerstein o el tesón de Hans Magnus Enzensberger, (ver Nota), a cuyo resumen de la editorial Anagrama enlazo aquí. 

En el libro se aborda el periodo más funesto de la historia alemana centrándose en la figura del barón Kurt von Hammerstein (1878-1943), el general que en 1930 asumió el mando del ejército y se retiró después de que, en 1933, Hitler revelara sus planes en una reunión secreta. 



Transcribo a continuación párrafos de la magnífica entrada dedicada al libro en el blog www.exlibris.com


Hombre en cierta medida atípico, el barón Kurt von Hammerstein, aristócrata y militar nacido en 1878, jefe del Alto Mando del ejército alemán entre 1930 y enero de 1934 (por entonces el puesto supremo en dicha fuerza armada), ....., era sin embargo un republicano, un hombre que aspiraba a la unidad europea y que, aunque contrario al comunismo, profesaba simpatía y respeto por los rusos..... Derechista, culpaba sin embargo a los partidos de derecha de la ruinosa política interior de su país. Ocupando los más altos cargos del ejército alemán (antes de comandarlo fue jefe de su camuflado Estado Mayor, entidad prohibida por el Tratado de Versalles), solía tenérselo por un vago, y es que detestaba el trabajo burocrático y aprovechaba la menor excusa para dedicarse a su pasatiempo favorito, la caza. 

Los nazis le inspiraban un altivo y patricio desdén. Aborrecía el III Reich, entre otras cosas, porque intuía que su belicosidad llevaría a Alemania a la ruina, pero nunca hizo nada por obstaculizarlo. Decía admirar el coraje civil, mas la suya fue una oposición meramente pasiva. En todo caso, lo más seguro es que si no hubiese fallecido de cáncer en 1943, Hammerstein habría tomado parte en el fallido golpe del 20 de julio de 1944… como de hecho hizo uno de sus hijos.

La figura protagónica, el general Hammerstein, se hace merecedora de muchos apelativos pero no del de héroe; Enzensberger rinde homenaje a su lucidez y a su capacidad de anticipar las calamidades que entrañaba la vesania nazi (con excepción del Holocausto), pero no eleva el personaje a un pedestal....

La de Hammerstein… es una historia de inconformismo, de compromisos valerosos pero también de decepciones, de vacilaciones y de extravíos en una época que no daba cabida a los términos medios. Es una disquisición sobre algunos de los condicionantes decisivos de aquella turbia época, en la que ideologías y situaciones extremas desafiaban todo sentido de normalidad.

En todo caso queda la fascinación por el personaje que, desde luego, fue un gran oficial de estado mayor. Como muestra, he aquí el análisis del Ejercito Rojo hizo a finales de 1932 a A Jacob West, agregado militar norteamericano en Berlín.

“Es una buena tropa, disciplinada, que en la defensa se batirá bien. En este trance pueden contar con la ayuda de la población. Los rusos saben que no pueden librar una guerra de ataque porque para ello les falta infraestructura necesaria. Las carreteras y los ferrocarriles se hallan en tan mal estado que ellos solo pueden combatir dentro de las fronteras de su país. Se han preparado para hacerlo, y han establecido dos zonas defensivas: una alrededor de Moscú y otra cerca de Perm, en los Urales. Si el enemigo los hace retroceder hasta allí, en esas regiones pueden resistir por tiempo ilimitado. Lo único que tienen que hacer es batirse en retirada; después ningún enemigo podrá derrotarlos.”


Hans Magnus Enzensberger (Wikipedia)

O como cuando le preguntaron bajo qué puntos de vista juzgaba a sus oficiales, y dijo:

“Distingo cuatro clases: los inteligentes, los trabajadores, los tontos y los vagos. En la mayoría de los casos concurren dos cualidades. Los inteligentes y trabajadores son para el Estado Mayor; los otros, los tontos y vagos, forman el noventa por ciento de todos los ejércitos y son muy aptos para las tareas de rutina. El que es inteligente y, a la vez, vago, se califica para las más altas tareas de mando, pues aporta la claridad mental y el aplomo necesarios para tomar decisiones de peso. Del que es tonto y trabajador hay que protegerse; en ése no se puede delegar ninguna responsabilidad, pues siempre causará alguna desgracia”.

Es genial.

Por otro lado, la forma del libro es peculiar. Tras una profunda indagación en todo tipo de fuentes  Enzensberger fabrica un género que domina como nadie, la "novela documental".  Estamos ante una obra especialmente compleja, un collage en el que la fuente documental no siempre tiene la última palabra, ya que el autor también se toma la libertad de acercarse a la realidad histórica a través de la ficción.

Nota
Hans Magnus Enzesberger ya ha estado en este blog en dos ocasiones en las entradas: Somos analógicos (15 de julio de 2015) y Los datos y Google (14 de mayo de 2014).


jueves, 2 de julio de 2015

Inspiraciencia 2015

En 2015 se ha realizado la quinta convocatoria de Inspiraciencia, concurso de relatos inspirados en la ciencia, organizado por el CSIC, en el que han presentado sus obras cerca de 400 participantes.



Inspiraciencia, que se va asentando y cogiendo solera con el tiempo, se está convirtiendo en ejemplo de hermanamiento y cariño entre las "dos culturas", la científica y la artística, las cuales - en el momento de acuñación del término por  Snow en 1959 -  parecían mantener un auténtico divorcio entre científicos y literatos, considerados como grupos antitéticos que se miraban mutuamente con recelo e incluso hostilidad. Es un espacio abierto a todos donde pensar e imaginar la ciencia, desde la ficción; postulando que (sic) La ciencia y la literatura recurren a la creatividad para encarar nuevos retos. Combinarlas puede generar nuevas y frescas ideas en direcciones imprevisibles.

Además este año Inspiraciencia nos proporciona la alegría adicional de que ha sido ganador, por partida doble, Mario Monteallegro, heterónimo de un buen amigo, José de la Sota, del que algunos ya conocíamos su fina sensibilidad y maestría literaria, que se nos revela como un sólido escritor, (aunque uno esperaría que nunca deje de ser amateur).

Su Tesis, ganador del premio de relatos en castellano en la modalidad de adultos,  nos lleva de manera amable y sutil a ver cómo la arqueología puede reinterpretar el pasado de aquella manera, pese a su buena intención.

Lección de anatomía, relato ganador en gallego, es la poesía pura del mundo infantil atraído por la ciencia y el lenguaje, frente a las pejigueras de la realidad adulta. Una joya que, traducida al castellano, copio a continuación.


Lección de anatomía.

Ha muerto el canario, la mascota familiar desde que nació el pequeño. La madre entra despacio en casa, espera con horror el momento de explicarle al pequeño el misterio inexistente de la muerte. Es tarde pero confía que los niños no hayan llegado del colegio y prepararse para dar la mala noticia. La casa está silenciosa y no se oye un alma. Casi de puntillas se acerca al cuarto, entreabre la puerta y,  ante ella, se descubre una tropilla de niños, en silencio, alrededor de la mesa camilla. En medio, a modo de quirófano, el pobre canario, abiertas sus alas por dos alfileres, muestra sus vísceras. Con voz académica el hermano mayor explica a los demás una lección de anatomía: "mira este es el corazón y aquí están los pulmones y el estómago". 

"¿Y el esternocleidomastoideo?" pregunta el hermano pequeño porque lo que realmente le fascinan son las palabras.

¡Ay, que sería de nos, ... sin el esternocleidomastoideo! Gracias, José, por los dos relatos y ... felicidades.