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lunes, 22 de febrero de 2021

Crepuscule with Nellie. Thelonius Monk y John Coltrane.

Me da por volver a escuchar el doble LP "The Gentle Side of John Coltrane" (1), recopilatorio de grabaciones tranquilas,  en forma de baladas del gran saxo tenor que fue John Coltrane. Mis preferidas. Algunas son composiciones propias pero la mayoría son versiones eternas de standards como Nancy, What's New, Soul Eyes, Lush Life, My One and Only Love, In a Sentimental Mood....




Lo que me llevó a otro LP también doble, que con el título "Monk/Trane", (2), recoge grabaciones de Thelonius Monk de 1957 y 1958 en las que participó John Coltrane. En el se encuentran siete temas grabados el 26 de junio de 1957. Son 4 composiciones de Monk: Well, You Needn't; Off Minor (2 tomas); Epistrophy (2 tomas) y Crepuscule with Nellie y la última es una versión del himno religioso Abide With Me en la que sólo tocan los vientos: Ray Copeland (trompeta), Gigi Gryce (saxo alto) y Coleman Hawkins y John Coltrane (saxo tenor).




Precisamente ese día en que se grabaron los temas anteriores este buzo cumplía 1 año. No sé si fue en San Vitero - pueblo de la comarca de Aliste - en que mis padres eran maestros o si, por esas fechas, nos habríamos ido ya de vacaciones a Zamora a pasar el verano con mis abuelos maternos.

Nos centramos en el tema Crepuscule With Nellie que Thelonius Monk dedicó a su esposa Nellie, sometida en esas fechas a una operación de tiroides. El tema es tan raro y tirante como brillante - "made in Monk"; con un resultado que da lugar a un sonido inquietante y muy moderno. Comienza el piano solo al que se le unen Wilbur Bare  al contrabajo y Art Blakey a la batería, interpretando la melodía completa, que repiten una vez. Después se añaden todos los instrumentos de que tocan todos a la vez y al unísono con la melodía ya conocida al piano. Así hasta el final.

Imaginémoslo interpretado en directo; y el espectáculo de Thelonius Monk con sus trajes de rayas, gafas de sol eternas, anillazos y boinas o gorros kufi. Como pueden ver  en la siguiente interpretación de Blue Monk.

La creación del más osado jazz del siglo XX el día de mi primer cumpleaños. También, fantasmas del pasado. En todo caso no puedo por menos que contarlo en este blog de forma que queden unidos el jazz con el tiempo pasado y presente. Y Aliste en tierras zamoranas con el bebop de Thelonius Monk y John Coltrane de los años cincuenta. 


(1) ABC Impulse - 23.06017 F y 23.96017 G - Distribuido por Moviplay. 1976.
(2) Milestone - S66.055 2LP's. 1973. Distribuiido poe Hispavox 1981.

lunes, 15 de octubre de 2018

Costillas - de Melquiades - con patatas y arroz


Cuando se tiene un buen producto; todo es más fácil y suele estar más rico. Y aquí es dónde entra la chacinería Melquiades que es una de las mejores de Zamora. Bordan el adobo tradicional de pimenton, sal y especias; tienen matadero propio y varios establecimientos de venta repartidos por Zamora. 



Lo primero es un hecho: es así. A mi gusto es el mejor adobo de entre el puñado de buenas chacienerías que hay en Zamora. Lo segundo es muy importante porque asegura la frescura de la carne del cerdo, que lleva mal la mucha cámara. Además el disponer de varios establecimientos de éxito permanente, asegura la rotación del género. 

Lo que lleva a una carne de cerdo en fresco magnífica y a unas elaboraciones en fresco como las chichas, (o picadillo en otras zonas), costillas y lomo adobado, morcillas y chorizos de mucha categoría. Asimismo son estupendos los productos curados (que venden también on line).



Por eso, en la receta siguiente, todo el sabor está en las costillas de Melquiades, y salen buenas sin rehogarlas, o cocerlas en vino, o añadirle brandy, etc. Basta con el sabor que arrojan al cocer. Ahí se la dejo.

Costillas - de Melquiades - con patatas y arroz

Ingredientes (Para 3 personas)

500 gr de costillas adobadas de Melquiades (Zamora)
Un trozo de pimiento rojo
Media cebolla     
Medio tomate crudo     
1 ó 2 dientes de ajo
1 hoja de laurel     
250 gramos de patata
80 gr de arroz

Elaboración

Se ponen, en la olla a presión con medio litro de agua, las costillas adobadas, (de la chacinería Melquiades de Zamora), troceadas junto con el trozo de pimiento rojo, la media cebolla y el medio tomate crudo; los dos dientes de ajo pelado y la hoja de laurel. Se cuecen a presión durante 15 o 20 minutos.

Entre tanto se produce la cocción en la olla, pelamos las patatas y las cortamos – chascándolas – en trozos no muy grandes.

Cuando termine la cocción, al abrir la olla, (con cuidado), observamos el grado de cocción de las costillas. Las reservamos y, también el caldo. Apartamos las verduras cocidas y las machacamos (en mortero, con el tenedor o con la túrmix).

Ponemos en una cazuela el caldo de cocción y cocemos las patatas. Cuando hayan pasado 15 minutos añadimos las costillas y el majado. A continuación, cuando hierva de nuevo, se añade el arroz. Atención por si hay que añadir más líquido (el arroz absorberá el doble o más de líquido que la cantidad del arroz). Se cuece el arroz; primero a fuego vivo 10 minutos y después otros 10 a fuego bajo.

(Si queremos las costillas más cocidas, se pueden cocer las costillas con las patatas desde el principio, echando a los 15 minutos el majado y el arroz).

Se apaga y se deja reposar 5 minutos. Si queda más bien seco: bien. Y si queda caldoso: también.

martes, 28 de agosto de 2018

Cuadros Bar en Zamora

En la calle Regimiento de Toledo de Zamora, casi esquina con Pablo Morillo, se encuentra el Bar Cuadros que, tras unos inicios titubeantes - en cuanto al servicio, no en cuanto a cocina y taperío, parece haber encontrado su sitio y su velocidad de crucero.




Carta de Cuadros Bar

Ocupa una pequeña superfície - con no llega a media docena de mesas - en la que, además de la gran cazuela con la tapa del día, reposan otras fuentes con tapas de guiso, ("de las que se pegan al riñón" como dice el amigo Mariano); a saber, entre otras: riñones en salsa picante excitantes, morros y cachuelas guisadas - viva la casquería - y excelsa y fina pechuga de pollo en escabeche.

Y si los guisos son espectaculares, la plancha es mejor. Así, es difícil encontrar en Zamora otras mollejas como las que aquí ponen. Idem del lienzo con los chipirones. También hay tostas ricas; por resaltar alguna, mencionaremos la de solomillo de cerdo a la plancha con una salsa de aceite, ajo y perejil, tan sencilla como sublime.

Y ojo a la tapa del día. Siempre guiso o arroz. Me cuentan que cuando es temporada de habones de Sanabria, por las mañanas ya hay cola en la puerta casi antes de abrir. Yo ¡ay! aun no la he probado; pero sí un arroz negro jugoso y unos garbanzos con callos suculentos.

Es la vieja sabiduría de los guisos populares y de la pericia en la plancha. Cosas ambas difíciles de encontrar en el grado excelso que se ofrece en el Bar Cuadros.

lunes, 29 de febrero de 2016

Por qué me atasco con la Salve

La capacidad del abuelo Venancio para quedarse dormido era asombrosa. Por ejemplo; al acabar de comer, nada más recoger los platos, se inclinaba y apoyaba la frente en las manos cruzadas y posadas sobre la mesa, y se dormía al instante.

Más de una vez le oí decir a la abuela Teresa: “¡Este hombre! Un día se va a quedar dormido en el servicio.” 

(El servicio era el trabajo de mi abuelo, que era policía municipal de Zamora).


Ayuntamiento de Zamora (entre 1927-1936)
António Passaporte (Fototeca del Patrimonio Histórico. MECD)

No recuerdo bien el motivo, pero, durante una temporada, dormí con él. Todas esas noches, me decía al acostarnos: “Ahora, vamos a rezar”. 

Y en voz baja, empezaba con el Padrenuestro, que yo contestaba. Con el Ave María, ya bajaba un poco el tono y yo respondía con la voz un poco más alta. Después, con la Salve, en lo de “… vida y dulzura, esperanza nuestra,..”, se quedaba dormido y, enseguida, comenzaba a roncar suavemente. Y yo, detrás.

Esa esa debe ser la razón de por qué me atasco siempre con la Salve.

viernes, 29 de enero de 2016

Máscaras. Ritos de Invierno en Zamora

Surgidas de la noche de los tiempos, circunscritas a pequeños núcleos rurales, alejadas del conocimiento del gran público y fuera de los circuitos turísticos, subsisten en noroeste de España fiestas y ritos invernales en forma de mascaradas que, pasado el solsticio de invierno, celebran la vuelta de la vida y de los días más largos y, por anticipado, vienen a anunciar la primavera, el renacer de la tierra y la esperanza delas nuevas cosechas.


Zangarrón de Montamarta. (En  turismodezamora.es)

Son máscaras que representan de diversas formas, la lucha del mal frente al bien; con personajes bien definidos y rituales rígidamente establecidos, que moran en le corazón de pequeños pueblos de las tierras de Alba y Aliste, en los aledaños de la Sierra de la Culebra y la raya de Portugal, donde, por cierto, también se celebran este tipo de fiestas invernales.

Las tierras de la provincia de Zamora albergan en diverso pueblos un buen número de estas celebraciones y la Diputación Provincial ha tenido la feliz idea de organizar la exposición "Máscaras. Ritos de Invierno en Zamora", en la que el  fotógrafo Miguel Angel Sánchez y  la periodista zamorana Nuria Tesón (o colectivo Mástesón), ponen imágenes extraordinarias, (55 fotografías de formato 100x70 cm), magníficos textos y documentales de más de una docena de mascaradas de invierno.



Son las que se han conservado y quedan vivas. Algunas, bastantes, probablemente, han desaparecido. Por ejemplo, La Falamendrona de Mahide de Aliste que aún se celebraba en los años cuarenta y cincuenta y de cuyo desarrollo nos dejó memoria escrita Segundo Alonso, misionero claretiano que publicó en La Opinión - El Correo de Zamora, (27 de marzo de 2005), el artículo que pueden leer en la web mahide.eu. 

También está incluido el artículo en Mascaradas de invierno en la provincia de Zamora, libro póstumo del antropólogo carbajalino Francisco Rodríguez Pascual, publicado en 2009 por la editorial Semuret, excelente publicación definitoria de las farsas que distinguen e identifican la escenificación de las mascaradas zamoranas invernales.


 


Cencerros en todas las mascaradas (Miguel Ángel Sánchez)

Mis recuerdos  me llevan en el pasado al día de San Esteban, el 26 de diciembre, cuando nos íbamos a pasar el día a Villardeciervos con mis tíos y primos y la abuela Agustina y al pasar por Pozuelo de Tábara nos encontrábamos con el tafarrón con su capa de paja y su máscara. Y más atrás oyendo las historias y burradas que me contaba mi amigo Manolo C. del zangarrón de Sanzoles, su pueblo. Y luego, más adelante a mis conversaciones con mi tío Segundo que conservaba vívidos, a sus ochenta años, sus recuerdos de la Falamendrona de Mahide que ya es historia.

Finalizo. Les sugiero leer con detenimiento los espléndidos textos escritos en el catálogo de la exposición por Nuria Tesón, (gracias, Nuria), tanto el completo resumen explicativo Vida que emerge de las sombras, como, sobre todo, el bello y sugerente poema que nos cuenta como fue el invierno de las mil tormentas, el año de "ha un siglo que no hubo tanta agua" - el invierno de 2014 en que se preparó la exposición, con base en Rabanales- cuando todas, todas la máscaras: diablos y cencerrones, carochos, zamarrones... filandorras, pobres, vacas y cencerrones se dieron cita en la quinta de Rabanales.


martes, 12 de enero de 2016

Perdices y tiberios.

En el bar Bambú, situado en el centro de una de las zonas de bares típicas de Zamora, puede degustarse una de las tapas, a juicio de quien esto escribe, más señeras de la ciudad: la perdiz, que permanece invariada por lo menos desde hace cincuenta años en el mismo bar que sigue en el mismo sitio y con la misma estética de formica y terrazo del tiempo de su fundación.


El bar Bambú

Se trata de una tapa muy elaborada, teniendo en cuenta la época en que se creo, que consiste en un lomo de sardina fresca albardado con un puré de patata suavemente saborizado con pimentón y tomate que va, finalmente, recubierto con un rebozado sin pan rallado que, una vez frito, resulta consistente y crujiente.

La perdiz no es ya la mejor tapa de Zamora, pero es deliciosa. Van saliendo de la cocina bien escurridas y llegan a la barra dentro de esas grandes cazuelas de porcelana rojizas que ya no se llevan. Y desde ellas se van consumiendo por los devotos parroquianos.


Las perdices

No recién hechas que queman mucho, y se pierden matices y sabores, sino simplemente calientes o mejor templadas, las perdices son de lo más auténtico que uno puede tomar en Zamora y son pocas las tapas que las pueden igualar.

La otra tapa insignia del Bambú son los tiberios que vienen a ser mejillones cocidos, bañados o sumergidos por una especie de salsa de bravas no muy espesa a la antigua: sólo aceite, harina, caldo de su cocción, quizás un breve sofrito de cebolla y buen y ahumado pimentón. Alegre pero sin picante e ideal para sopar el pan con el que se acompañan.


Los Tiberios

El bar Bambú, al que se le puede poner cualquier calificativo que se nos ocurra excepto el de ilustrado, luce en sus paredes sendos poemas dedicados a perdices y tiberios. El dedicado a estos últimos nos lleva al primer viaje a la luna del Apolo XI y es como sigue:

Dos astronautas subieron
y en la luna se posaron
mas… ¿sabéis lo que dijeron
los que en Zamora lo vieron
mientras la tele enchufaron?

Pues que aparte del misterio
y la emoción del camino
es mejor (y esto es en serio)
comer tranquilo un tiberio
en el bar de Marcelino.

Finalmente decir que con la salsa de los tiberios se puede napar, (sin bañarla), la perdiz que resulta más gustosa y se convierte, casi, en otra tapa. También con esa salsa se aliñan patatas, con lo que el Bambú se convierte en una de las mejores opciones de Zamora para comer patatas bravas, (si a uno no le importa  mucho que las patatas no estén crujientes).

lunes, 11 de enero de 2016

El domingo es siempre domingo

En una ciudad pequeña como es Zamora, uno de los mayores placeres es madrugar un domingo por la mañana y pasearla. 

Predomina el silencio; no se oyen ni coches ni bocinas. El aire es claro y limpio, sólo perfumado por el olor a cafe y a churros que sale de alguna cafetería o bar abiertos. Se oyen en la lejanía y al paso, campanas de iglesias: primero las de San Vicente y después las de San Juan, por ejemplo.



Es hora de ir hacia el Duero y, sin prisa, verlo pasar. Si eso se hace saliendo de Zamora, desde el barrio de San Frontis y ves, al otro lado del Duero, las murallas y el cimborrio y la torre de la catedral del Salvador; la sensación de felicidad puede llegar a ser inefable.

Vuelvo a oír sonido de campanas y, aunque es de otro país y otra cultura, me acuerdo de la vieja canción italiana Domenica e' sempre doménica, en la versión de Marino Marini que dice en su letra:

Es domingo para pobres y señores
todo el mundo puede dormir tranquilamente.
Ni bocinas, ni sirenas, ni motores...
la ciudad se despierta dulcemente.
....
El domingo es siempre domingo,
se despierta la ciudad con las campanas,
primero el din-don del Gianicolo
al que Sant Angelo responde din-don-dan.

De donde se deduce que la felicidad son momentos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Santarén Folk. Porque salen del cuerpo.

Se me va a pasar el verano y no he traído al blog la música que más me ha gustado y más he escuchado en este verano. Se trata de la última grabación del grupo de folk Santarén Folk, que lleva por título Porque salen del cuerpo. 


Santarén nació en Zamora  hace ya unos treinta años - que se dice pronto – y desde entonces, con distintas formaciones, viene recopilando música popular de la provincia de Zamora y aledaños. Como dicen en la presentación de Porque salen del cuerpo, no hacen música tradicional sino que hacen música “sobre” música tradicional.

“No reproducimos las canciones imitando a los intérpretes originales. Muy al contrario, fantaseamos sobre ellas e intentamos extraer sus armonías ocultas en un juego sonoro al que a vece es difícil poner fin… No obstante, el escuchante de este disco podrá apreciar que las melodías populares se respetan, no se retuercen hasta hacerlas desconocidas, no son meras escusas para hacer nuestra música.”

Bueno; pues el disco es muy bueno. En primer lugar está la sabia elección de las canciones populares, de gran variedad y belleza y de procedencia diversa: de pueblos y comarcas de Zamora, fundamentalmente, pero también de Segovia y de Leon. En segundo lugar, en este disco han privilegiado la parte vocal frente a otros discos anteriores de carácter más instrumental, (lo que es un acierto, ya que la voz principal de Luis Mª Martín Negro, a su vez alma y líder de la formación, es sensible y poderosa, con mucha fuerza).


Presentación de Porque salen del cuerpo.
(De www.laopiniondezamora.es)

También pasa que, según se cuenta en la entrevista realizada con motivo de la presentación de la grabación, el proceso de realización de esta grabación no ha estado basado en hacer cosas nuevas para, lo primero de todo, grabar un nuevo disco con ello, sino que las canciones se han seleccionado, han tenido un rodaje en el directo y después - sólo después - se han pasado a disco. Y eso se nota, pues son canciones que no se cantan por primera vez, vienen rodadas y ya salen bien del cuerpo, (no como la primera seguidilla que, como dice la canción, no suena bien).

Por último está el estupendo y peculiar sonido que han conseguido de dulzaina y gaitas sonando a la vez, lo que no es fácil y se logra sin estridencias, armónicamente. Un sonido muy bonito y pegadizo.


Actuación en Zamora. Junio 2014. 
(De www.laopiniondezamora.es)

El hecho de que haya en España grupos de folk con treinta años de vida, como Santarén Folk, es un milagro que sólo se explica por la fe (más que el Alcoyano), la ilusión y paciencia (todo en la vida ya sabemos que cosa de paciencia), el amor al arte … y el pluriempleo.

Si este fuera un país normal, aquí hay canciones como, por ejemplo, Seguidillas labradoras, El herrero de la perdición, Ro mi niña ro, Sal bailar Carmiña, Al olivo subí o Sácame del puerto que, a poca promoción, podrían ser superventas y hacer que la vida de este tipo de grupos fuera lo normal y no un milagro.

Uno desearía mayor éxito y reconocimiento para grupos y música como esta. Música que, como este Brincao y jota de Palazuelo, sólo nos pueden ofrecer grupos como Santarén Folk.

lunes, 28 de octubre de 2013

Yo soy un hombre del campo. Manolo Escobar.

Repaso un viejo escrito sobre mi infancia, a principio de los sesenta en Zamora, en el que recordaba aquellos veranos en el de Cabañales, junto al Duero, en casa de mis abuelos.

Si, de algún modo, (decía), existe para todo el mundo una Arcadia feliz, ésta se correspondería, en mi caso, a los veranos de mi niñez, digamos entre los siete y diez años en la casa de mis abuelos del barrio de Cabañales de Zamora. No había televisión y la vida se hacía en la calle. La bendita calle. Teníamos un punto de referencia y de encuentro magnífico: el Cabildo.


Vista del convento de las Dueñas Dominicas 
del Barrio de Cabañales. Zamora.

El Cabildo estaba a la puerta de la iglesia del convento de las dominicas - Monasterio de Santa María la Real de las Dueñas MM. Dominicas - y era como una especie de patio con una tapia baja de piedra que separaba la entrada de la iglesia de las carreteras de Salamanca y de Pinilla y era el centro geográfico del barrio. De esta forma, (aparte de ser, entre otras cosas, el lugar de encuentro y conversación para las mujeres del barrio a la entrada y salida de la muy matutina misa - la única misa a diario era a las ocho de la mañana- o, a su tiempo, de novenas y rosarios vespertinos), era, sobre todo el centro del barrio para los niños que pasábamos allí horas enteras del verano, jugando u observando el pequeño mundo que se desplegaba a nuestro alrededor.

Seguía, hablando de los diferentes amigos, juegos y paisajes; lamentando que el Cabildo estuviese cerrado en la actualidad y los niños no pudieran, ya, jugar en él. (Digamos, de paso, que a esa iglesia –de la que el buzo fue monaguillo –  es a la que llega el Martes Santo la Virgen, que el Jueves Santo por la mañana, se convierte en la Virgen de la Esperanza que procesiona, camino de Zamora, cruzando el Duero).

No mencionaba en el relato el buzo la música, las canciones que nos acompañaban. En aquella época, la única música que oíamos venía de la radio. Y en esa música de la radio, empezaba - más que a triunfar - a arrollar, Manolo Escobar: Pasodoble te quiero, Ni se compra, Yo soy un hombre del campo, Espigas y amapolas, El porompompero, Madrecita María del Carmen…  Sonaba a todas horas. Pero sobre todo, en las melodías dedicadas de antes del Diario Hablado y después por la tarde, cuando acababan las novelas. Las madres y las abuelas se las sabían todas; de memoria. Y nosotros, los niños, también.


Ahora que ha muerto Manolo Escobar, estamos oyendo los elogios merecidos para el gran cantante, para el poderoso intérprete, para el exitoso actor. Elogios también de algunos medios medios que, en ocasiones y en su tiempo, tanto le escatimaron. No hablaremos del burro muerto y de su cebada. Mejor pensar que nunca es tarde.

Recordamos con Yo soy un hombre del campo, (uno de sus primeros éxitos, interpretado en la película Los Guerrilleros de 1962, y que, además, venía a describir en parte su propia trayectoria vital), que ha muerto Manolo Escobar, bellísima persona y el más grande cantante popular del último tercio del siglo XX en España.
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martes, 2 de julio de 2013

Nueva cocina

Hace mucho que no tratamos de cocina o de comida en La perplejidad del buzo, y hoy me gustaría reseñar un par de noticias que han surgido en, más o menos, el último mes. La primera es la de las impresoras 3D de comida, cuando a finales de mayo, nos encontrábamos con un llamativo artículo de título suculento: La Nasa quiere imprimir comida.


Impresora 3D de comida
(de futurosposiblesimprevisibles.blogspot.com)

Aunque da para otro artículo completo, es de estudiar lo del formidable marketing del sector informático y electrónico. Llevan las máquinas de prototipado rápido en el mercado más de una década en el campo de la máquina herramienta y la electrónica industrial de toda la vida; y de repente, ¡ale hop!, el genio – y el dinero - del marketing del sector electrónico e informático de consumo,  da en el clavo con el nuevo vocablo y - de paso - concepto: impresora 3D, y ya tenemos un artículo de consumo más, con expectativas de ser utilizadas directamente en fabricación, (¿?), más la publicidad con el descerebrado ese que ha puesto en abierto en internet programas para fabricar (¿?) pistolas, etc.

Vayamos a lo nuestro: impresoras 3D de comida, con el aliciente de que paga la NASA. Pues ya ven en el enlace; de momento, poco más que hacer capitas. Galletitas con dos o tres capas, o sea, como las de Le Petit Ecolier o las de Príncipe Beckelar, pero de una en una y, sin la higiene de la industria agroalimentaria. O pizzillas que vete tú a saber; de quesos no hablan y métele cartuchos: de harina, de sal, de polvo de tomate y etcétera de polvos de otros ingredientes. No digamos ya, si se quisiera reproducir la perfecta comida de astronautas que es el huevo duro, según pontificó el insigne Julio Camba. Ya hay algún cocinero modernete  que está experimentando. De momento, no da para mucho y parece más bien, sacado de Muchachada Nui. Pero vaya Vd. a saber. Veremos.

Por otro lado, vemos cómo en Francia quieren reglamentar el concepto de restaurante, dedicando la apelación "fait maison", al parecer, a aquellos establecimientos que elaboren platos que hayan sido elaborados a partir de productos brutos, ( o no se si la denominación es para los platos), lo que se pretende que sea obligatorio, de manera que los restaurantes deberán precisar en las cartas cuando el plato es realmente casero. En la noticia de EL PAÍS no se alude a los congelados.

En principio, no parece mala idea, pero habrá que ver los límites y el desarrollo de su aplicación. Porque el buzo piensa que lo malo no es que un restaurante utilice productos elaborados o semielaborados, lo malo es que los que utilice sean de pésima calidad. Posiblemente, es preferible comer una buena elaboración en un restaurante a base de un precocinado de Cascajares, por hablar de una marca solvente, a una mala elaboración del mismo producto, partiendo de crudo, en el restaurante. 

Y hablando de Francia, con la magnífica calidad de sus industrias de confit o de foie, ¿le van a negar el "fait maison" a las recetas hechas en los restaurantes con base a esos magníficos productos?; o ¿podrían dárselo a los chiringuitos de comida rápida, más o menos multinacionales, que, al fin y al cabo, pasan por la plancha la cosa que luego se pone entre  panes?

De momento, el buzo se congratula de que el crujiente de morcilla, tapa estrella del Bar Capitol de Zamora, continúe siendo "fait maison" y se se siga haciendo como siempre.


viernes, 28 de diciembre de 2012

A Zamora


Como la pasada semana habíamos dejado pendiente una posible excursión por Zamora, hoy, casi ya acabando el año, les animo a que se acerquen a conocerla.

Zamora es el río Duero; tan ancho y tan señor a su paso por la ciudad, desde la desembocadura del Valderaduey hasta que, lamiendo la Peña Tajada de que habla el Romancero, se aleja hacia los Arribes y Portugal.


El Duero y el Puente de Piedra. Antonio Pedrero

Zamora es la docena larga de iglesias románicas que alberga: Santiago, la Magdalena, San Juan, San Cipriano, La Horta…. Es también la catedral; que comienza siendo románica, con su portada Sur, sigue bizantina con su cúpula acabada en el cimborrio de escamas; es, también, torre cuadrada de defensa y cárcel y acaba, finalmente, siendo neoclásica con  su portada Norte y su atrio, en el que,  cada Miércoles Santo, los cofrades del Silencio hacen su juramento ante el Cristo de las Injurias. 

Pero Zamora es, sobre todo, claridad sin igual; esa luz de la meseta. Ese limpio aire que hace fundirse en el  horizonte el cielo y la tierra de los campos. También es, en estos días, lugar de peregrinación de los amantes de la poesía; ya que, hasta el 31 de enero, está abierta la Exposición  Claudio Rodríguez (1934-1999), de la que, en la noticia oficial de la Biblioteca Pública de Zamora, que es la sede, se indica:


“.. documenta su vida y obra, los estudios críticos más importantes, sus amigos literarios, itinerarios por Zamora y una completa galería de retratos y dibujos realizados por sus amigos artistas zamoranos y artistas gráficos de prensa diaria: Mingote y otros.

Aporta esta exposición una rica documentación original que ha sido donada por Clara Miranda, esposa de Claudio Rodríguez, a la Biblioteca Pública, y en la cual se pone de manifiesto la importancia de Claudio como poeta universal, su alegría, su bondad y profundo sentido de la amistad, que le hicieron ser querido y admirado por todos.”


De entre todo lo expuesto el buzo se queda con la vitrina que reproduce la mesa de trabajo del poeta, con sus libros y cuadernos, (La Divina Comedia, la Biblia, Dylan Thomas…), tal y como aparecen en una gran foto del poeta tomada, en su día, junto a esa misma mesa.  También una pequeña reproducción del gran mural de Antonio Pedrero que presidía el bar La Golondrina: y que representa la barra del establecimiento con los retratos de un variopinto grupo de parroquianos, entre los que se encuentra el poeta.


Mural del Bar La Golondrina. Antonio Pedrero

Como Claudio Rodríguez, según sus propias palabras, era  muy de bar, (ver la parte final de la entrevista a la que enlazo), procede rematar la exposición yendo, por seguir los pasos del poeta, de bares, (desgraciadamente, no a La Golondrina, que estaba situado cerca de la Plaza Mayor, detrás de la iglesia de Sanjuan, que ya no existe). 

Sugiero ir a bares con solera que, de seguro, frecuentó el poeta:  la Bodega Chimeno de la plaza de Santa Eulalia, que sigue siendo taberna, dónde se tapea bien – jamón, queso, anchoas, ensalada de tomate o bonito - pero en la que hay que adaptarse a su ritmo que no admite prisas. O el Bar Chillón en su emplazamiento actual de la Calle Diego de Ordax, que es herencia natural del antiguo que estaba al lado de La Golondrina. Fraternal bar para todas las edades y humanidades; de soberbias tortillas – pidan la de patata con salsa de callos – y las mejores tapas de casquería, (callos, pata, cachuelas..), de Zamora.


Claudio Rodríguez de joven 
(utilizada en el cartel de la exposición)

En saliendo, ya estarán preparados para comprender mejor y para recitar el inicio de El don de la ebriedad.

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias...  (Seguir)
.

jueves, 17 de mayo de 2012

Dos y pingada


Aquí estamos. Con una primavera esplendorosa y caliente, (lo que es un decir, porque en Madrid más que primavera lo que hay, a estas alturas, es ya verano puro). Caliente no sólo de temperaturas, sino, también, de primas de riesgo disparadas, “bankias” nacionalizadas, Tomás Gómez desaforado - ¡hace falta valor, después de cómo ha dejado Parla!-, el dúo Montoro - de Guindos dale que te pego, (cada uno a lo del otro y  Beteta con la tijera), y Rajoy que no recibe, (el duelo se despide en la iglesia). Demasiado frenesí para el buzo qué observa como el barullo cortijero habita entre nosotros, llevado al paroxismo porque, a estas alturas, ya nadie sabe quien es el amo. 

Por eso le apetece escribir sobre algo sencillo y sólido. Por ejemplo, sobre el plato que cierra la Semana Santa de Zamora; los dos y pingada del Domingo de Resurrección. 



Cristo Resucitado. Ramón Álvarez. 1872. 
Cofradía de la Santísima Resurrección. Zamora

Proviene este plato, del almuerzo que los cofrades de la Santísima Resurrección celebraban después de la misma. Esta procesión cierra la Semana Santa de Zamora y mucha gente, tanto de dentro como de fuera, no la aprecia ni considera, ya que, al fin y al cabo, ni tiene "capuchones", ni pasos de Cristo en la Pasión. ¡Error! Toda la Semana Santa sólo tiene sentido si acaba con esta procesión en que salen por separado Cristo, con un cortejo, ya alegre desde el principio, con música de flauta y tamboril y cofrades con trajes endomingados y sus varas metálicas ornadas con flores; y la Virgen que comienza su procesionar sola, triste y con capa de luto. Al cabo se encuentran en la Plaza Mayor y la virgen pierde su capa negra que se transforma en manto azul y, entonces, es la apoteosis con salvas de escopetas, cohetes sonando hacia el cielo y toda la música alegre de jotas y dulzainas.  

A partir de este momento, Cristo y su madre se van juntos, calle Balborraz abajo, hasta la iglesia de la Horta, cerca del río, y la procesión se convierte en la primera romería del año.


Virgen de la Alegría. Higinio Vázquez 1993.
Cofradía de la Santísima Resurrección. Zamora.

Pues bien, acabada la procesión, es el momento de ir con familia y amigos, a la casa propia o a bares y restaurantes, a tomar los dos y pingada. Lo dice el romance

Ya resucitó el señor
y repican las campanas.
Prepara el almuerzo, chica,
y fríe dos y pingada.


Dos y pingada. 
(De loscaprichosdejorge.blogspot.com)

El plato es simple. Se trata, por persona, de freír dos huevos y pasar por la sartén, en ese mismo aceite, dos lonchas de jamón poco curado (o magras). Se come recién hecho con una buena rebanada de pan - que puede ir tal cual, o pasada por la plancha o frita en el mismo aceite en que se frieron los huevos - y a muchos, nos parece la gloria misma.  (Hay quien dice que debería nombrarse el plato como dos, pingada y una tajada, entendiendo por pingada el pan y añadiendo lo del cerdo como “tajada”. No vamos a discutir).

Puesto que se trata claramente de romper con la cuaresma y su abstinencia y ayuno, pueden imaginarse que las variantes del plato consisten en sustituir las magras, que pueden resultar saladas, por chorizo o lomo de cerdo; o, para los más golosos, no sustituir sino añadir, a discrección, lo dicho.

Plato sencillo y sólido, a la par que socorrido, no hay porque esperar a la Pascua del Señor para disfrutarlo. Por ejemplo, en las fiestas de finales de agosto de Madrona (Segovia) en honor al Cristo de la Salud, el mozo y las tres damas ofrecen - cuatro días seguidos a primerísima hora de la mañana - este desayuno de  huevos fritos con chorizo, (antes de ir a descansar después del baile y los traqueteos nocturnos), a todo el mocerío que se presente.



Venta Pinillos
(De foro.kdjoteros.com)

También, sin que sean fiestas, pueden ir a la Venta Pinillos del pueblo segoviano de Pinillos de Polendos, (cerca de Cantimpalos). Allí,según se entra, se ve la cocina con una gran sartén en que se fríen huevos y dos monumentales cazuelas arrimadas al fuego. El camarero sólo pregunta que cuántos, (refiriéndose a huevos, chorizo y lomo). Uno, uno y uno es poco, francamente. Lo más habitual es dos, dos y dos. Ya es vicio ir más allá y, además, que el colesterol, dicen, no es bueno.

Volviendo a Zamora y al Domingo de Resurrección de este 2012, cuando el buzo dejaba la Plaza Mayor camino de sus dos y pingada, al principio de la calle de Balborraz, todavía quedaban dulzainas y tamboriles tocando jotas y gente bailándolas. En esas tocaron la  Campanera y al buzo, por muchos motivos, se le hinchó el corazón y sintió que había llegado por fin la primavera que, en Zamora, comienza, justo, ese día.