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miércoles, 14 de agosto de 2019

Loor y miseria de la sandía

Entre ciclos, en este verano extraño recuerdo otros veranos de mi niñez en que los melones y sandías, (junto con, en papeles secundarios, pepinos y calabacines), eran casi la únicas frutas del verano en la casa de mis abuelos en el barrio de Cabañales de Zamora.

En una tierra prestada, mi abuelo Venancio cultivaba un melonar y casi cada tarde llegaba a la casa un cargamento. De aquellos días me quedan las sensaciones de horror a los pepinos, empacho de calabacín y cierto amor - en pequeñas dosis - por el melón.

Y qué decir de la sandía. A mi, no me gusta nada: ni la pruebo, (1); pero en casa circula a discreción y les gusta a todos. División de opiniones que se da, también, en la literatura gastronómica.

Entusiasmo de Pablo Neruda que en su poemario Odas elementales de 1954 le dedica una larga oda de la que reproducimos un fragmento (2).

Oda a la sandía
....
¡Cofre de agua, plácida
reina
de la frutería,
bodega
de la profundidad, luna
terrestre!
¡Oh pura,
en tu abundancia
se deshacen rubíes
y uno
quisiera
morderte
hundiendo
en ti
la cara,
el pelo,

el alma! 
....

Entusiasmo también de Salvador Rueda que le dedica un fastuoso poema.

La sandía

Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.

En el extremo contrario podemos encontrar la opinión de Josep Pla, al que claramente, no le gusta nada. Dice:

"La sandía es insulsa, agua pura, teñida, mediocre, de sabor populachero sin ambición; una pura filfa. Quiero repetirlo: es agua convertida en tejidos vegetales sin consistencia; es una fruta que parece hecha exprofeso para ser comida por personas con una boca fenomenal, de una voracidad sin límites, una fruta cuantitativa a la escala de los personajes de Rabelais, tan gigantescos".

Todo esto lo hemos conocido en el delicioso libro Como piñones mondados de Nestor Luján, que, finalmente y de forma sabia, contemporiza

"Entre los entusiastas elogios de Pablo Neruda, ...., y los denuestos de Josep Pla, ... , está el término medio de la consideración de este fruto, que es bueno consumido fresco, pero también en confituras y arropes. Estos, a mi modo de ver, lo mejoran sensiblemente".

Notas
(1) Disculpen que, por grima, no incluya fotografías.
(2) Pueden leer el texto completo en el blog El hacedor de sueños en el siguiente enlace.

lunes, 10 de junio de 2019

Mi España particular. Edgar Neville.


Hay un libro que me ha fascinado en estas últimas semanas. Se trata de Mi España particular, escrito por Edgar Neville en 1957, (edición de la Ed. Taurus), reeditado en 2011 por la editorial Reina de Cordelia.



Es una guía turística de España totalmente atípica y fascinante “Guía arbitraria de los caminos turísticos y gastronómicos de España”, reza su segundo título – en la que, además de monumentos, museos, iglesias, catedrales o paisajes, etc. incluyó un tema que yo creo que fue muy novedoso en su época: unir la gastronomía al turismo. En la actualidad ninguna guía se puede considerar como tal si no contempla, de alguna manera, temas gastronómicos y Neville lo hizo en 1957.

Edgard Neville fue un bon vivant, de una familia aristocrática de mucho dinero, (era conde de Berlanga de Duero). Fue abogado y diplomático; después acabó en Hollywood trabajando en el cine – con Charles Chaplin, entre otros y acabó siendo un  gran autor de teatro y, yo diría, que un estajanovista director cinematográfico con una filmografía extraordinariamente extensa con películas muy relevantes como La torre de los siete jorobados, Domingo de carnaval, La vida en un hilo o El baile, entre otras.



Neville con Charles Chaplin en el rodaje de candilejas

Esta guía tiene cosas que la hacen especial y única. La primera, por ejemplo, es el planteamiento inicial y provocador que hace, (sorprendente en esta época actual de corrección política), manifestando que para hacer turismo, tal y como se explica en la guía, hay que tener dinero. Tiene Vd. que tener dinero: si no tiene dinero ya puede quedarse en casa ahorrando. Bastante definitorio de lo que era ese espíritu provocador y risueño que lo caracterizaba junto - con sus compañeros de aquella “otra generación del 27”, la de los humoristas: Mihura, Tono, Jardiel, Herreros, etc. que definida por el dramaturgo José López Rubio, en su discurso de entrada en la RAE).

Por otro lado, no hay nada que defina mejor al personaje que las fotografías que aparecen en la segunda portada y contraportada, del año 1955 y en Londres, en que aparece apoyado en un flamante cochazo Jaguar y se le ve con cara de felicidad.



Después, sus juicios y descripciones gastronómicas son brillantísimas y con un gran sentido del humor. Como cuando habla de la cocochas:

“Las cocochas son una parte del organismo de que las merluzas llevan en el cuello; probablemente le servirán para algo, pero al cocinero vasco le sirven para preparar unas cazuelitas, con salsa espesa y perejil, verdaderamente exquisitas.”

O de las angulas:

“Sobre la vida de la angula y sus amores se ha escrito mucho: Sobre sus peregrinaciones por el Atlántico y por el Mediterráneo, sobre su costumbre de venir, a dejar que las cojas por lo visto, a los ríos españoles. Pero a nosotros no nos interesa la vida de la angula, sino su muerte, y por eso, cuando se nos presentan humeantes, ante su defunción nos quitamos el sombrero y gritamos ¡Bravo!”

Y así podríamos seguir con muchos ejemplos de los que solo mencionaremos su obsesión – lo menciona más de una vez en el libro – de que la paella sólo se pude comer buena en Valencia; porque resulta que Valencia tiene un agua malísima que es lo que le va bien a la paella y, por eso, cuando se hace con agua más limpia, clara y pura sale fatal. Por eso, hay que ir a Valencia a tomarla.

Más detalles; sus juicios – de 1957 – sobre los vinos españoles es profética. Su opinión era que en España había muy buenos vinos pero que le faltaba una mejor elaboración, cuestión en la que se ha ido, afortunadamente,  perseverando y mejorando hasta hoy.

Es una guía muy divertida y el primer capítulo, que refiere su particular guía desde la entrada de Francia por el País Vasco hasta Madrid, es especialmente fascinante y entretenidísima. Y el resto de capítulos –con algún altibajo – siguen el mismo tenor.

Por otro lado, al hilo de su paso por diferentes lugares, hace reflexiones muy interesantes sobre el carácter de los españoles. Por ejemplo, su opinión de que los españoles nos caracterizamos por la continua falta de acuerdo entre nosotros es taxativa: cada español tiene su opinión…y ¡punto! O su descripción del carácter melancólico y contemplativo de los castellanos, que es tremendamente sugerente.

“(….) pero para vivir en Castilla no hace falta ser rico y por eso los castellanos no se dan cuenta que son pobres. Miran la infinito y están en comunicación con las estrellas (….) Rodar por Castilla es haberse salido ya del mundo, porque Castilla no se parece a nada, ni siquiera al desierto, porque el desierto es una zona deshabitada y Castilla está llena de presencias más o menos visibles (…) Si a cualquiera de ellos le dais una fortuna, su vida no ha de variar (…) ¡Para qué vamos a dejar de mirar al horizonte como esperando lo sobre natura, que es elo que verdaderamente hay que hacer en Castilla!”

Otra cuestión importante es la honestidad de su guía, sosteniendo que, a lo mejor, puede fallar en algún detalle de fechas o de historias pero que no va hablar de nada que no haya visto y pateado; por lo que es una especie de “guiamichelín” en que sólo se habla de restaurantes, bares, merenderos y hoteles en los que ha estado personalmente.

Y así se va pasando el libro que tiene cierta irregularidad. Pero en todos los capítulos hay algún detalle de originalidad, o de buen gusto; alguna salida de pata de banco o alguna cosa que te hace reír o alguna genialidad.

Es, en definitiva, una obra - no menor - de un gran escritor, de una figura cultural inmensa que está esperando que crítica y público lo sitúen donde le corresponde en la historia de la cultura española del siglo XX y que no puede ser más que en los lugares más altos.

viernes, 12 de abril de 2019

El cocido madrileño 1.

Ollas y cocidos


Ollas y cocidos han sido objeto preferente de poetas y literatos que le han dedicado bastantes poemas a este plato con diversos enfoques; atendiendo a sus variedades regionales o a otras cuestiones. Vamos a dedicar a ello, en este 2019, algunas entradas al asunto.  Saldrán según se nos vaya ocurriendo; a nuestro ritmo pero siempre con todo el cariño y nuestra mejor dedicación.


De vuelta a Madrid en esta loca primavera en la que la nieve se ha posado en  Somosierra y la Sierra de los Cameros. Lo ha podido ver este buzo en su vuelta desde tierras riojanas en que ha hecho durante una semana el Camino de Santiago, desde Estella hasta Santo Domingo de la Calzada. Camino del que acaso contemos algo en este blog más adelante.

Y en el Camino no hemos comido cocido. Otras cosas deliciosas, sí; como caparrones con chorizo y estupendas verduras: menestra o alcachofas… Pero cocido, no. Y al llegar a Madrid hemos vuelto a pensar en cocidos, animados por esta bajada de las temperaturas con lluvias, (que esperemos que no duren mucho para que no se fastidie la Semana Santa). Y a retomar este recorrido literario por los cocidos para dedicar una primera entrega al cocido madrileño.

El cocido madrileño. 1

El gran poema clásico y más conocido sobre el cocido madrileño es, en la opinión de quien esto escribe, el que el periodista y escritor José Fernández Bremón, (Gerona, 1839 - Madrid, 1910), escribió, el 18 de octubre de 1891, en las páginas de la revista Blanco y Negro.

José Fernández Bremón

Estaba dedicado a Ángel Muro Goiri, (Madrid, 1839 - Bouzas-Vigo, 1897), gastrónomo, escritor e ingeniero español, autor de famoso manual de cocina El practicón y  que podría considerarse como el primer periodista  gastronómico que hubo en España. Sus tres primeras estrofas dan la receta de un cocido sencillo de la época. Lo incluimos a continuación:

Con medio kilo de vaca
y diez céntimos de hueso,
un cuarterón de tocino,
un buen chorizo extremeño,
y garbanzos arrugados
que ensanchan en el puchero,
sale en mi casa un cocido
que nos chupamos los dedos.

Cuando llega la matanza
se compra hocico de puerco,
y echo un cuarto de gallina
si hay en casa algún enfermo.

Solemos tomar de sopa,
arroz, sémola o fideos;
si es pan, con hierbabuena;
los macarrones, con queso.

Nunca en su tiempo perdono
los nabos foncarraleros,
las judías de La Granja
y los cardillos más tiernos.

Mi ensalada es de escarola,
de lechuga o de pimientos;
el gazpacho es muy sencillo,
con poco pan y muy fresco.

Mis postres no son de lujo:
torrijas, miel, higos secos,
albillo dulce de otoño
y uvas de cuelga en invierno.

Con cebolletas y rábanos
mi mesa a veces refuerzo,
y aceitunas de Pastrana
que yo mismo me aderezo.

En fin, me gustan -y acabo-
el pan blanco recién hecho,
mantel limpio los domingos,
y Valdepeñas del bueno.

Así comieron en casa
mis padres y mis abuelos;
como es sana la comida
todos morimos de viejos.

Cuando quiera usted probarla
a las doce lo ponemos,
que a la española se come
el cocido madrileño.

Téngame usted por su amigo,
Joaquín García Cornejo,
fábrica de mariposas
en la calle de Toledo

José Esteban en su magnífico libro Breviario del cocido,  indica (sic): “Como no podía ser menos Ángel Muro contestó a Bremón por ley de cortesía gastronómica y cocidesca”


Ángel Muro Goiri

Lo hizo en el periódico "La Época" de Madrid, el día 27 de Octubre de 1891 con el zumbón poema - receta incluida en su última estrofa - que figura a continuación.

A don Pepe F. Bremón,
al escritor más correcto,
al prosista más castizo,
al poeta cuyos versos
en la mesa del Parnaso
tiénense en mayor aprecio
que el garbanzo de Saúco
en el español puchero…
Al que ha sido tan amable
que envuelta en el Blanco y Negro,
me envía preciosa carta
que firma Joaquín Cornejo,
industrial de mariposas
de la calle de Toledo…
le dirijo humildemente
en este romance un ruego
que se sirva transmitir
al dicho mariposero,
esta es mi contestación
sin pérdida de un momento.

Ayer a las doce en punto,
fui a la calle de Toledo
y busqué casa por casa
la de usted, señor Cornejo.
Desde la Plaza Mayor
hasta el mismo matadero
recorrí todas las tiendas,
penetré en los entresuelos,
subí a los pisos segundos
y entré en los cuartos terceros.
Yo ¡Cornejo! repetía
con melancólico acento
y a mis voces contestaba
con tono burlón el eco…

En fin que en aquella calle
ni hay cornejas ni cornejos,
ni mariposas ni fábricas,
ni garbanzos ni pucheros.
Digo mal: eran las dos,
el hambre no tiene dueño,
y, sin saber lo que hacía,
me metí en un merendero.

Un puchero, que pedí,
me sirvieron al momento;
era un precio de tres reales,
y estaba bueno, muy bueno:
tres onzas de rica vaca
con un poquito de hueso;
otra onza de tocino,
cien garbancitos muy tiernos,
una patata flamenca,
un par de nabos gallegos
y judías de La Granja,
un tomate y un pimiento.
Faltaban, naturalmente,
el hociquillo del puerco,
el alón de una gallina
y el buen chorizo extremeño,
y como sano manjar,
es más sano este puchero
que el que coció usted ayer
en aguas de Blanco y Negro.

domingo, 3 de febrero de 2019

El cocido. Gabriel Celaya.

Ollas y cocidos


Ollas y cocidos han sido objeto preferente de poetas y literatos que le han dedicado bastantes poemas a este plato con diversos enfoques; atendiendo a sus variedades regionales o a otras cuestiones. Vamos a dedicar a ello, en este 2019, algunas entradas al asunto.  Saldrán según se nos vaya ocurriendo; a nuestro ritmo pero siempre con todo el cariño y nuestra mejor dedicación.


El cocido... ¿Quien lo hace?

Acostumbrados a una cierta tradición castiza asociada la literatura sobre el cocido sorprende, en principio, que Gabriel Celaya, uno de los máximos representantes de la poesía social española, que acompañó nuestras vidas durante la segunda mitad del siglo XX, le dedicara un notable poema.



Gabriel Celaya 
(Alberto Schommer en Wikipedia Commons)

En el poema, por  un lado, se respira esa bohemia y ambiente de los escritores e intelectuales contestatarios de la época:

"Se discuten principios...
Se afilan las ideas. Se vuelve y se revuelve
lo que sí, lo que no, lo que creo yo..."

Pero el poeta advierte que hay que seguir con los pies en la tierra. ¿Y cómo lo hace? Preguntándose quién hará el cocido cotidiano.

"...Se da por sabido

que uno, al llegar a casa, tendrá su cocido.
Y de dónde sale?"

Y es que el cocido, hasta más que mediado el siglo XX, se comía prácticamente todos los días en las casas de muchas regiones españolas.

A veces hasta la saciedad. Como la de mi cuñado que estudiaba bachillerato interno lejos de su casa y que, cuando volvía en las vacaciones al pueblo, interrogaba a su madre a diario: "Hoy ¿qué hay de comer?; ¿comida o cocido?". Casi siempre la contestación era cocido por lo que, según ha confesado, lo llegó a aborrecer.

Mientras tanto en el poema, la discusión y los principios llegan hasta a la casa a la hora de comer. Y la gran pregunta: "Y el cocido, ¿quién lo hace?"

EL COCIDO

Se discuten principios. Se da por sabido
que uno, al llegar a casa, tendrá su cocido.
Y de dónde sale?

Se afilan las ideas. Se vuelve y se revuelve
lo que sí, lo que no, lo que creo yo.

Y encima, dale,
cuando uno vuelve a casa sigue en la discusión,
y le dice a su mujer: «¿No tenía razón?»
Y el cocido, ¿quién lo hace?

Gabriel Celaya. (Hernani, Guipúzcoa, 1911 - Madrid, 1991).

viernes, 25 de enero de 2019

Manolitos y palmeras

En estos días he tenido noticias de 2 nuevos productos de repostería que estan teniendo bastante éxito en el mercado. Y si se aunan novedad y éxito en el mercado estamos, hablando en términos económicos, ante dos innovaciones: los manolitos de Colmenar y las palmeras de Morata. 

Los manolitos

Los dulces, que ahora se conocen como manolitos, (el nombre se lo pusieron los clientes que comenzaron a llamarlos así), nacieron a principio de las década de los noventa en la pastelería que Manolo Manzano - gracias a un préstamo de su abuela - abrió en 1989 en Colmenar Viejo. Leemos la crónica e historia de los Manolitos en el artículo que Pancho Castilla escribió en Icon-El País el pasado 18 de diciembre.




Los manolitos

El artículo se inicia con el siguiente párrafo:

"Como muchas de las grandes creaciones de la humanidad (la penicilina, por ejemplo), los Manolitos nacieron por un error. Sí, a los creadores se les fue la mano con un ingrediente y salió esta adictiva especie de minicroissant de mantequilla, con la opción de tenerlos bañados en chocolate, ya sea negro o blanco."

Han mantenido en secreto la formulación y, a día de hoy, Pastelería Artesanal Manolo cuenta con 8 establecimientos en la Comunidad de Madrid con ese nombre y  desde hace poco tiempo han puesto en marcha, con otros socios entre los que se encuentra el futbolista Álvaro Morata, (por cierto, que parece que va a fichar por el Atlético de Madrid ¡Aupa Atleti!), la línea de negocio de Manolo Bakes de pastelería mas cool y moderna que se está desarrollando en forma de franquicias, contando ya con tres establecimientos en Madrid capital y 1 en Alcobendas, anunciando, en su página web, 7 próximas aperturas; 2 de ellos fuera de la Comunidad de Madrid.

Las palmeras

Las palmeras o, más bien, palmeritas fueron creadas, a finales de la década de los ochenta, por el repostero Luis de la Torre de Morata de Tajuña. Hemos leído la crónica y la historia en el artículo de Rodrigo Casteleiro publicado en el blog El comidista el pasado día 14 de enero. El dulce es una palmera de hojaldre que está humedecida por un almibar y que se recubre de chocolate.




Palmeritas de pastelería De la Torre 
(Foto de Rodrigo Cabaleiro)

La creación de las palmeritas, se describe -por la hija del inventor - del modo siguiente:

"A su lado, su hija Loli asiente y pone en valor el tesón de su padre, de 83 años. "No salía del obrador en todo el día, siempre haciendo pruebas y más pruebas, tirando muchas masas, y con mi madre enfadada", evoca, "pero un día la casa se empezó a inundar del olor del chocolate con el hojaldre mojadito. Y, mira, cuando probé esa primera palmera con almíbar fue una maravilla". A finales de los ochenta, esta familia de Morata tenía ante sí la receta que iba a revolucionar la gastronomía y el turismo local, aunque las otras panaderías y pastelerías no tardarían en versionarla..."

Las palmeritas se han convertido en seña de identidad de Morata de Tajuña que realiza un festival anual en que se consumen en un día más de 5.000 Kg; y al año produce en sus seis pastelerías unos 60.000 kg de palmeritas al año.

Análisis

Nos importa aquí resalta varios aspectos del proceso innovador de ambos productos. En primer lugar, la personalidad entusiasta, vocacional y trabajadora de ambos innonvadores. También, la coincidencia en el largo periodo de tiempo que transcurre hasta que las innovaciones que no mueren, llegan al exito seguro en el mercado. Aquí estamos hablando, en ambos casos, de 25 - 30 años. 

El origen de la innovación es similar por cuanto al carácter trabajador obsesivo de los innovadores. Pero es muy distinto en cuanto al proceso de descubrimiento de la innovación.

En los manolitos, por parte de Manuel Manzano, nos encontramos ante la casualidad (o serendipia) de un error fascinante. Ese día, la deficienta masa de los cruasanes canónicos pudo ser tirada a la basura, como tantas otras veces, pero se produjo el milagro de la "valoración" de lo que había surgido por error; que era otra cosa y meritorio como para seguir por esa linea en el futuro. 

En las palmeritas inventadas por Luis de la Torre, se produce un proceso sistemático de pruebas y de nuevas elaboraciones en busca de un producto nuevo. Un primigenio y modesto proceso de investigación y desarrollo, (¡sí!, de I+D), que dió con la afortunada fórmula. 

Otra importante diferencia es el régimen de apropiabilidad de la innovación. En los manolitos, se cuenta con un régimen en el que el secreto industrial y el registro de marcas; lo que ha permitido el desarrollo y crecimiento de la innovación y unas mayores perspectivas de futuro para la empresa innovadora. En las palmeritas creadas por Luis de la Torre, el conocimiento de la innovación se ha difundido rápidamente y, al menos, todas las pastelerías de Morata de Tajuña fabrican cada una a su manera y con distintas variantes, lo que ha supuesto por el momento, digamos, un mayor beneficio colectivo; pero la innovación no está protegida de ningún modo y posiblemente, sea copiada urbi et orbe en un próximo futuro. 

Conclusiones 

No las hay. En el terreno del análisis de la innovación hay mucha variedad y pocas certezas. 

Ahora ya sólo queda correr a probar y a distrutar de manolitospalmeritas, que aún no lo hemos hecho







jueves, 3 de enero de 2019

Un cocido en La Moraña. Constantino de Lucas Martín.

Ollas y cocidos


Ollas y cocidos han sido objeto preferente de poetas y literatos que le han dedicado bastantes poemas a este plato con diversos enfoques; atendiendo a sus variedades regionales o a otras cuestiones. Vamos a dedicar a ello, en este 2019, algunas entradas al asunto.  Saldrán según se nos vaya ocurriendo; a nuestro ritmo pero siempre con todo el cariño y nuestra mejor dedicación.


Un cocido en La Moraña

La Moraña es una comarca natural de la provincia de Ávila, situada en su zona norte entre las provincias de Salamanca, Valladolid, Ávila y Segovia. Con capital en Arévalo, se puede dividir en tres partes: en el norte la denominada Tierra de Arévalo. Entre el río Arevalillo y la provincia de Salamanca La Moraña Occidental y, entre el río Arevalillo y la provincia de Segovia, La Moraña Oriental; esta última atravesada por los ríos Adaja y Voltoya.




Campo de cebada en La Moraña (Wikipedia)

Su altitud media sobre el nivel del mar es de unos 900 metros. Es un territorio llano de tierras uniformes, salpicadas por algunos hitos y colinas así como algunos valles y lavajos, en las que tradicionalmente se alternaba el cultivo del cereal y de las legumbres con los rebaños de ovejas. La presencia del río Adaja y sus pequeños afluentes, que atraviesan esta comarca, proporcionan zonas boscosas y húmedas. La economía de la comarca es, principalmente, agrícola. Durante el siglo XX el tradicional paisaje cerealista se fue transformando en una alternancia de cultivos de secano y regadío gracias a las perforaciones, con la aparición de cultivos de regadío ajenos a la región como remolacha azucarera. 

Cantor insigne de esta tierra fue Constantino de Lucas Martín, curioso personaje del que, de algunas páginas de internet, hemos recogido lo siguiente.

Don Constantino de Lucas Martín, más conocido como el "Cura de Machín", nació en Viñegra de Moraña en el año 1882. Cantó misa el 21 de marzo de 1910, desarrollando su labor pastoral en Bilbao, Granada, Orense y también como Capellán Castrense en la zona sur de la Península y norte de África, hasta que en septiembre de 1.922 es licenciado de capellán por enfermedad, fijando su residencia en la Finca Machin de Arévalo ... donde se le veía, muchas veces, dando paseos, ejerciendo su principal afición, la lectura y escribir. Recibió el título académico de la Real Academia Hispanoamericana de las Ciencias y las Artes de Cádiz el 18 de mayo de 1926... 



Constantino de Lucas

Murió en diciembre de 1947 a los 65 años de edad y fue enterrado en Arévalo. Entre sus obras podemos destacar la novela La Virgen de Genazzano, el auto sacramental El Pan de Flor o los poemarios Romances de Guerra, Del color de mi bandera y Nuestro Dios y Nuestra Patria. (Ver nota 1). 

Sin embargo, su obra más conocida es el libro de poemas titulado Morañegas, obra en la que expone un amplio y detallado recorrido por las características de los pueblos y gentes que conforman La Moraña. De Morañegas es el soneto La comida casera campesina que describe, suponemos, el cocido que debía tomar el autor; y que copiamos a continuación.

La comida casera campesina

De Tiñosillos cuece en el puchero
el garbanzo de Arévalo famoso,
que por lo tierno, suave y mantecoso,
es en ambas Castillas el primero.

Echa carne de vaca o de carnero,
de "codillo" un pedazo sustancioso,
y un chorizo bofeño el más sabroso
de el "cagalar" que se curó al humero:

Añadirás de huevo y pan migado
el "relleno", y el caldo separado
las sopas calará en ancha cazuela.

Y pues... ya tienes el cocido hecho,
sentado de la lumbre a la candela,
cómelo al dar las doce...y ¡buen provecho!

En el primer cuarteto se mencionan el puchero del pueblo de Tiñosillos, (que fue, en su día, importante centro alfarero pues, en las primeras décadas del siglo XX, llego a haber alrededor de treinta alfarerías dedicadas a la producción de vasijas para agua, piezas para el fuego y tinajas); y "el garbanzo de Arévalo famoso"; uno de los mejores del país junto con el de Fuentesaúco.

Los ingredientes carnívoros se detallan, posiblemente resumidos, en el segundo cuarteto. Entre ellos destaca la mención a la carne del carnero, (alternativa a la de vaca), y al chorizo bofeño, esto es, un chorizo en el que se mezcla la carne con vísceras del cerdo. Y nos sorprende la ausencia de tocino. Completan los ingredientes del cocido, el relleno de huevo y pan migado y las sopas que hace el caldo.

El último terceto es como pase de firma de buen torero: rematando para finalizar. Con ese redondo verso final

"... cómelo al dar las doce...y ¡buen provecho!"

Leemos en alguna parte que el cocido morañego es quizás uno de los más antiguos y que más se aproximaría a la adafina, ese plato judío que parece ser el principal antecedente de nuestros actuales cocidos patrios.




Imágenes de Cocido morañego
(En www.turismocastillayleon.com)

Este cocido en la Moraña de Constantino de Lucas conserva de la adafina, en su receta en verso, la posibilidad de utilizar carnero. Hemos encontrado, en el Portal Oficial de Turismo de la Junta de Castilla y León, una receta del cocido morañego que sí, se nos antoja, parece acercarse a la adafina, (ver nota 2).


Notas

1. Nos quedamos con muchas ganas de saber más de este Constantino de Lucas. Nos quedamos sin saber si era de esos curas montaraces a tiros con las palomas de la iglesia o disparando codornices en los rastrojos de septiembre; o de lo que echaban de comer a gorriones y otros pajarillos de la "Finca Machín". Sabemos de él que fue nombrado el 26 de junio de 1937, (por el Excmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo), Teniente Vicario del VIH Cuerpo de Ejército. También es mencionado como autor de furibundos poemas patrióticos en la tesis doctoral de Ginés Guirao Godínez, (de la Universidad Complutense de Madrid) de 2004 de título: "La vida cultural en una ciudad castellana de la retguardia franquista: Ávila.", en la que se indica: 

"CONSTANTINO DE LUCAS, capellán militar, se muestra un acendrado antimarxista en “Romances de la Guerrra: el batallón de Argel” (94); en “Romances de Guerra” se encuentra “Mari-Carmen” (95), alegato antimarxista no tan exacerbado como el anterior, y al mismo tiempo una exaltación del soldado nacional; el general Mola, al que se rinde tributo, en un lenguaje mediatizado por elementos militares, es el asunto de “Brilla la Cruz de Borgoña” (96); y si “Hacia la España Azul” (97) muestra un patriotismo sin fisuras, no menor resulta el de “Las boinas del Requeté” (98) con motivo de la exaltación de esta figura."

Sí que es seguro, que en su libro Morañegas, nos deja, entre otros, más poemas de contenido gastronómico como Versos en alabanza de una cocina de labranza, Abstinencia cuaresmal morañega Tranquilidad de conciencia y estómago, piezas, todas ellas, a las que nos gustaría volver en este blog, en un futuro.

2. Se reproduce, a continuación, la receta del cocido morañego de la página citada:

Ingredientes (Para 4 personas)

Para los garbanzos:
• 300 gr de garbanzos.
• 60 gr de tocino.
• 400 gr de carne de cordero.
• 50 gr de chorizo.
•Sal.

Para el relleno:
• 2 huevos.
•1/2 cucharada de perejil picado.
•2 cucharadas de vino blanco.
•1 diente de ajo picado.
•2 cucharadas de aceite de oliva.
•Pan desmigado.
•Sal.

Para la sopa:
•100 gramos de fideos.
•Pan duro.
•Sal.

Elaboración

Poner los garbanzos a remojo la noche anterior. Al día siguiente escurrirles, lavarles y cocerles con abundante agua (introducirles en el agua cuando esta esté caliente sin llegar a hervir). Añadir el tocino, la carne de cordero y el chorizo. La cocción será lenta, durante unas 3 horas aproximadamente (dependerá de la dureza del garbanzo).

Para elaborar el relleno: batir los huevos y añadir el ajo muy picado, el perejil, el pan desmigado, el vino blanco y la sal haciendo una masa para luego formar bolas ovaladas del tamaño de una cuchara sopera. Freírlas en un poco de aceite y añadirlas al cocido unos 30 minutos antes de terminar su cocción. 

Finalmente la sopa, colar el caldo de los garbanzos y llevarlo a hervir. Una vez esté hirviendo añadir los fideos y el pan troceado cociendo a fuego lento unos 15 minutos.