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miércoles, 15 de mayo de 2019

La ciudad es de goma lisa y negra. Gabriel Celaya y Aguaviva.


Tengo muy por cierta la opinión de Ángela Vallvey, sobre la poesía, que leí, hace unos días, en “Cambio de siglo. Antología de la poesía española. 1990-2007”, (Selección, prólogo y bibliografía de Domingo Sánchez-Mesa. Poesía Hiperión. Madrid 2007).

“(…) En todo caso, en estos tiempos de abaratamiento, de vulgarización masiva, de consumo y de ganancias, la poesía (no hay poesía buena y mala: hay poesía o no hay poesía) es un reducto de exquisitez que sigue proporcionando un temblor de humanidad siempre nuevo para cada individuo. La poesía es el ADN de la cultura. Infinitamente incomparable. Pieza única. Es la antimanufactura. No se le puede pedir más.”

Opinión elevada tengo también de la música y el pasado día 8 se acabaron juntando estas dos pasiones.

Fuimos a la biblioteca municipal Miguel de Cervantes de Pozuelo de Alarcón a ver la sesión dedicada al poeta Gabriel Celaya, de la actividad “Poesía de oídas” que se viene desarrollando desde febrero  de 2017, (ver enlace), y que continuará en otoño de este año.


Antonio Daganzo Castro, escritor y periodista, Premio de la Crítica de Madrid de Poesía 2015 y Carolina Barreira López, Licenciada en Educación y gestora cultural son los creadores y protagonistas de esta propuesta cultural que intenta acercar a los grandes autores españoles e iberoamericanos. Se busca atrapar al público a través de una lectura amena de datos pintorescos y humanos de la vida del autor, intercalados entre poema y poema. (Ver detalles).

Sus autores lo definen como “un recital poético en formato radio teatro donde, a lo largo de una hora, se realiza la lectura, a dos voces, de una cuidadosa selección de poemas, que son intercalados en un guion que narra la vida y anécdotas del poeta protagonista de cada sesión, permitiendo comprender mejor la poesía y al autor”.

La sesión “Gabriel Celaya, tranquilamente hablando” transcurrió agradablemente y los dos artífices de Poesía de oídas, realizaron – al igual que en alguna otra sesión anterior que habíamos presenciado – una  entretenida y amable velada, combinando poesía recitada, imágenes y repaso de la biografía de Gabriel Celaya.



Gabriel Celaya


¡Qué grande Celaya! Qué ejemplo de vida, de amor y felicidad… y compromiso social en unos tiempos que no eran fáciles. Uno de los poemas que se recitaron fue Aviso al que se conoce más por su primer verso: “La ciudad es de goma lisa y negra”, que reproducimos a continuación.


Aviso

La ciudad es de goma lisa y negra,
pero con boquetes de olor a vaquería,
y almacenes de grano, y a madera mojada,
y a guarnicionería, y a achicoria, y a esparto.

Hay chirridos que muerden, hay ruidos inhumanos,
hay bruscos bocinazos que deshinchan
mi absurdo corazón hipertrofiado.

Yo me alquilo por horas; río y lloro con todos;
pero escribiría un poema perfecto
si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos.

De forma inmediata me vino a la memoria la versión musicada de La ciudad es de goma lisa y negra que el grupo Aguaviva realizó del poema en 1972.




Qué grupo tan curioso e interesante fue Aguaviva. Ideado por José Antonio Muñoz junto con el cantante, compositor y productor Manolo Díaz, (uno de los grandes hombres de música de nuestro país), estuvieron en activo toda la década de los setenta, representando en grupos, lo que supusieron, en la canción protesta de la época, (ideología, estética, etc.), los cantautores de la época.

Pusieron música a diversos poetas de la denominada poesía social, alcanzando bastante éxito con un estilo en que se mantenían, siempre, párrafos recitados que se acompañaban de partes y, sobre todo, estribillos a coro. En el vivo recuerdo, además de Aviso, están: Poetas andaluces, (su mayor éxito) y Creemos el hombre nuevo de Rafael Alberti; Me queda la palabra de Blas de Otero y Cuentos de León Felipe.

Música y poesía ¡Qué perfecta combinación!

Y quedamos a la espera, ya después del verano, de las próximas sesiones de Poesía de Oídas. Serán: Generación del 27, (16 de octubre); Nicolás Guillén, (13 de noviembre) y Alfonsina Storni, (11 de diciembre).



domingo, 3 de febrero de 2019

El cocido. Gabriel Celaya.

Ollas y cocidos


Ollas y cocidos han sido objeto preferente de poetas y literatos que le han dedicado bastantes poemas a este plato con diversos enfoques; atendiendo a sus variedades regionales o a otras cuestiones. Vamos a dedicar a ello, en este 2019, algunas entradas al asunto.  Saldrán según se nos vaya ocurriendo; a nuestro ritmo pero siempre con todo el cariño y nuestra mejor dedicación.


El cocido... ¿Quien lo hace?

Acostumbrados a una cierta tradición castiza asociada la literatura sobre el cocido sorprende, en principio, que Gabriel Celaya, uno de los máximos representantes de la poesía social española, que acompañó nuestras vidas durante la segunda mitad del siglo XX, le dedicara un notable poema.



Gabriel Celaya 
(Alberto Schommer en Wikipedia Commons)

En el poema, por  un lado, se respira esa bohemia y ambiente de los escritores e intelectuales contestatarios de la época:

"Se discuten principios...
Se afilan las ideas. Se vuelve y se revuelve
lo que sí, lo que no, lo que creo yo..."

Pero el poeta advierte que hay que seguir con los pies en la tierra. ¿Y cómo lo hace? Preguntándose quién hará el cocido cotidiano.

"...Se da por sabido

que uno, al llegar a casa, tendrá su cocido.
Y de dónde sale?"

Y es que el cocido, hasta más que mediado el siglo XX, se comía prácticamente todos los días en las casas de muchas regiones españolas.

A veces hasta la saciedad. Como la de mi cuñado que estudiaba bachillerato interno lejos de su casa y que, cuando volvía en las vacaciones al pueblo, interrogaba a su madre a diario: "Hoy ¿qué hay de comer?; ¿comida o cocido?". Casi siempre la contestación era cocido por lo que, según ha confesado, lo llegó a aborrecer.

Mientras tanto en el poema, la discusión y los principios llegan hasta a la casa a la hora de comer. Y la gran pregunta: "Y el cocido, ¿quién lo hace?"

EL COCIDO

Se discuten principios. Se da por sabido
que uno, al llegar a casa, tendrá su cocido.
Y de dónde sale?

Se afilan las ideas. Se vuelve y se revuelve
lo que sí, lo que no, lo que creo yo.

Y encima, dale,
cuando uno vuelve a casa sigue en la discusión,
y le dice a su mujer: «¿No tenía razón?»
Y el cocido, ¿quién lo hace?

Gabriel Celaya. (Hernani, Guipúzcoa, 1911 - Madrid, 1991).