miércoles, 7 de junio de 2017

Demasiado tarde para parar ahora

En ¿Matará Uber a Shumpeter?, Joaquín Estefanía lleva a la perfección algo que viene haciendo de forma destacada desde hace bastantes años: una excelente divulgación de la ciencia económica, pequeñas dosis que nos regala en sus columnas de El País; en este caso reseñando el libro La revolución transhumanista del filósofo francés Luc Ferry.



Poco tengo que añadir ya que estoy de acuerdo totalmente con él. Efectivamente, nos encontramos con formidables plataformas tecnológicas mundiales que no producen nada y solo median. Sólo median y atesoran beneficios que no reinvierten en nuevas empresas y, además, se aprovechan de la sociedad con esas mandangas de las economías colaborativas que hasta ahora solo han producido migajas y economía sumergida; no trabajo de calidad

Pienso - como creo que piensan Estefanía y Luc Ferry - que es más cierta la segunda de las dos lógicas que disputan el papel de las plataformas digitales que están en nuestras vidas; la que considera que sí, se trata "de una revolución (a la que pertenecerían también las energías renovables y no carbónicas y que quizá dé lugar a una estructura descentralizada de la vida económica), pero conllevará de modo estructural una formidable desregulación. Una especie de nuevo estadio de capitalismo salvaje."

Pienso que todo ha ido demasiado rápido y me ha venido a la cabeza el título del mítico album en directo de Van Morrison de 1973: It's Too Late to Stop Now: "demasiado tarde para parar ahora". 



Imposible parece hacer ya una regulación de estos monstruos que se han introducido ya demasiado en nuestras sociedades y demasiado rápido, en una lógica de llegar a situaciones de dominio de los mercados inaudita. Es como el maldito teclado qwerty, ( detrás de cuya bella historia, se esconde una poderosa modelización matemática, desarrollada por Brian Arthur), replicándose continuamente, dando lugar a monopolios de facto en que todo el mundo: gobiernos, empresas, instituciones y nosotros, los ciudadanos, nos acomodamos. 

Por no hablar de la destrucción y el desprestigio de las instituciones; de la hipotética y previsible de la destrucción de las sociedades modernas tal y como las hemos conocido. 

En It's Too Late to Stop Now, Van Morrison cantaba Saint Dominique's Preview.


jueves, 25 de mayo de 2017

Brad Mehdlau en Madrid (19-02-2017)

Sí, es verdad que la música mitiga la tristeza. El 19 de febrero en el Auditorio, la actuación de Brad Mehldau y su trío fue un paréntesis de calma y bienestar en un invierno frío y lleno de dolor y desconcierto. Allí fuimos toda la familia a una actuación que resultó memorable y, sobre todo, confortadora.


Al día siguiente Alex Vidal, en El País, escribió la crónica del concierto con el título Infinitas posibilidades de la melodía, de la que no me resisto a reproducir el siguiente párrafo:

"El concierto giró alrededor de las posibilidades casi infinitas de la melodía, de cómo trabajarla como un verdadero artesano más allá de géneros pero con una innegable tendencia al formato canción y una pasión explícita por la música pop. Trabajó Mehldau durante la mayor parte del concierto en un espacio muy limitado del teclado, convirtiendo el centro del mismo (y no sus notas más agudas o graves en los extremos) en un lugar desde el que surgían de modo constante nuevas ideas, creaciones a tiempo real, combinaciones de ritmo y melodía de una belleza lírica y fantasmal."

El tiempo se detuvo en la interpretación de And I Love Her de Los Beatles, mostrando la maestría y el atrevimiento de Mehldau con canciones recientes del pop y del rock que, de esta forma, van enriqueciendo el acervo de standards para el jazz, o lo que fuere que acaba tocando Mehldau que parece usar los esquemas jazzísticos para ir más allá (o más acá) con un camino propio. Y al final de la actuación nos dejó la energía de West Coast Blues de Wes Montgomery.

Y la noche fue un milagro de nuestra voluntad y de la excelente música de Brad Mehldau. Inolvidable y siempre en mi corazón.

Ahora, ya bien entrada la primavera, hay más luz; y de nuevo, bajo este hermoso cielo de Madrid, nos han sorprendido, como cada año, los chaparrones de mediados de mayo, las primeras oleadas de intenso calor y los nísperos, que este año han sido y están siendo magníficos. ¡Ay, si hubiera nísperos todo el año!

viernes, 19 de mayo de 2017

Viejos telediarios (1960). Joan Margarit.

Viejos telediarios (1960), de Joan Margarit, es ejemplo de un tipo de poesía en que se produce un tránsito del discurso poético por el discurso, en este caso, tecnológico.


Joan Margarit. Foto de la web Zona de jazz 

El poema trata de la presencia e influencia de los seres queridos muertos en quienes sobreviven. El barco  K “anclado” en un punto “fijo” del Atlántico, lanzando de modo incierto señales y ayudándonos con la meteorología, es imagen de la idea central del poema de que la presencia de aquellos que ya no están  y a quienes (aún) se ama, cuidan de nosotros y debemos estar atentos a encontrar sus voces  allí dónde se forman las borrascas.

Viejos telediarios (1960)

En los mapas del tiempo 
el punto K representaba un buque 
meteorológico que estaba anclado 
en medio del Atlántico, 
allí donde se forman las borrascas.

Aquellos a los que amas y se llevó la muerte 
son lejanas presencias.
Cuidan de ti en algún sentido, 
y hasta puede que alcances a encender 
en tu interior sus restos oscuros y herrumbrosos.
Busca muy lejos dentro de tu mente, 
y habla con tus muertos 
allí donde se forman las borrascas.
Barco fantasma en el espejo, al alba, 
son las luces del K, que tan pronto surgen 
como se hunden, detrás del oleaje.

Cálculo de estructuras.Visor, Madrid, 2008

Joan Margarit
(Sanahuja, Lérida, 1938)


miércoles, 10 de mayo de 2017

Clásicos de la prensa en primavera

En esta temporada en la que diversas circunstancias ocurridas en los últimos meses han paralizado mi actividad en La perplejidad del buzo, en el momento "Begin the beguine" actual, se nota uno bastante atascado y dubitativo, con pocas fuerzas para seguir. 

Creo una de las cosas que anima es comprobar cómo en el mundo sigue ocurriendo lo de siempre y que hay temas que aparecen por estas fechas en la prensa sí o sí; porque, igual que La Violetera, son "Como aves precursoras / de primavera."

Me refiero, en concreto, a lo que son ya dos clásicos en la prensa nacional por estas fechas. En primer lugar está el artículo contra la Semana Santa de Javier Marías, y más cercanos a San Isidro, la columna antitaurina de Manuel Vicent, que lleva a fecha actual, la friolera de xx años seguidos. Empezamos con Marías.



Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias de Zamora
(En semanasantadezamora.com)

Tengo que confesar mi admiración por Javier Marías cuya columna semanal en el dominical de El País, es una de mis lecturas favoritas. No porque sea de mi cuerda o esté siempre de acuerdo con lo que dice. Al revés; muchas veces no comparto sus opiniones, pero su columna dominical me parece original,  bien escrita y, por lo general, bastante divertida. Este año, en su artículo A calles tétricas, festín pagano, del  2 de abril volvió a gruñir, enfurruñado y enfadado - a estas alturas - por las las semanas santas del pasado que, pese a las exageraciones - por cierto, con lo de comparar "aquellas Semanas Santas" con los territorios hoy controlados por el Daesh o los talibanes  se ha pasado de frenada - es, al final, un ejercicio de nostalgia y un canto de cariño a las películas de romanos que vuelven siempre por estas fechas del año.

Soy nieto, hijo y padre de congregantes; y me gusta la Semana Santa por muchos motivos. Podría estar muy cabreado con este artículo. Pero no. El papel de comecuras, (de curas de hace 50 años), me resulta un poco cansino y echo en falta empatía y un poco de sentido del humor. 

Como por ejemplo el humor de Manolito el pollero, que no le debía gustar la Semana Santa y escribió el brillante e irónico poema Semana Santa.

Jueves santo,
Viernes santo,
duelo y llanto.
Tanta aflicción es de espanto;
no sé ni cómo la aguanto,
ni soporto ni resisto,
ver al hombre, ver a Cristo
tragar hiel ¡está tan visto!
y en filas indias detrás
y delante nazarenos,
nazarenos,
nazarenos,
unos diez mil, indio más
indio menos,
el interminable lote;
por docena, un iscariote,
de agudos de capirote;
el impenitente brote
de unicornios
de bicornios
de tricornios;
la teoría del cuerno
rogándole al Padre Eterno
que nos libre del Infierno.
Y el blandón, el cirio, el hacha,
y el hacha, el cirio, el blandón,
y suma y sigue la racha,
y ¡toma!, más procesión,
y otro paso, y otro envite,
hasta que Dios resucite.
y, ¡que tonos!
la semana está de monos.
y va, que arde, de cera
litúrgica la carrera;
la de Cristo nos espera;
muchos,
muchos,
muchos,
muchos,
¡¡cucuruchos!!

Y no es que le tuviera tirria a la religión. Todo lo contrario, ya que escribió uno de los villancicos mas bellos del siglo XX.


“Cuando con los otros niños
de niño jugabas Tú,
¿sabías o no sabías
que eras el Niño Jesús?”

lunes, 24 de abril de 2017

Tete Montoliu. I Should Care.

Jueves Jazz
Si hoy es jueves - o así - aquí hay jazz: Jazz porque sí. Para ti que te gusta el jazz, la música del siglo XX.

I Should Care

Recuperando CDs me encuentro con Recordando a Line, album grabado por Tete Montoliu en 1971. En la portada vemos al músico con barba de varios días cara al mar en una solitaria y gris playa catalana.



Con 38 años, a la mitad aproximada de su vida, en los textos del disco se nos habla de Line, una chica - creo recordar que danesa - que pasó por su vida. Y el disco es una maravilla en que, además de  una notable composición propia, Blues for Line que es extraordinaria, desfilan algunos de los mejores standards del jazz: My Funny Valentine, I Can't Get Started, Body and Soul...; pasados por el tamiz de su talento y su manera peculiar y única de tocar el piano y de interpretar el jazz.

Tete Montoliu fue único, el mejor músico de jazz que ha dado este país. Era ciego, era brillante. Sus frecuentes colaboraciones con los mejores interpretes del panorama del jazz, están ya en la historia. 

Yo me quedo con la breve y fascinante versión de I Should Care, que es, sencillamente, perfecta. Y lo mejor de todo es que, tras unos tiempos que no han sido fáciles, me he vuelto a encontrar con un amigo.




domingo, 23 de abril de 2017

El caso "Andanding"

Me llega por WhatsApp, procedente de uno de mis hijos, el mensaje: “Esto me ha recordado alguna de tus entradas del buzo”; acompañado de la expresiva foto que va a continuación.



Aparte del simpático diseño gráfico - que me recuerda un montón el estilo que estilaba, en su día, la revista El viejo topo – me parece que la viñeta ilustra de modo perfecto esta suerte de conspiración que La Internacional Papanatas, (a la que todos pertenecemos de una u otra manera y de la que, en todo caso, nadie nos libramos), está llevando a cabo en nuestro país con el inglish, el inglés o el inglé (tu no sabe inglé, Vitomanué, tu no sabe inglé); que cantaba Bola de Nieve en los años sesenta).

¿Por que practica con entusiasmo la sociedad española esto de poner a lo loco, de forma a veces delirante,  el inglés en todas  partes? Las frases publicitarias, (I love mi whopper con queso);  nombres de las instituciones (un banco para vender seguros a las familias se dirige a la "happy family"; otro banco hace "fresh banking"). Mi opinión es que una de dos: o es un misterio insondable o es papanatismo puro.

En todo caso creo que la figura anterior da en el clavo. Veamos el caso "Andanding". Primero: si va con una imagen - que ha sustituido como imagen de modernidad y progreso a la letra impresa- mejor: aquí tenemos a un ser seguro de si mismo vestido de sombrero y con su buen par de zapatos que nos lleva al tema.

Segundo: ¿por qué hay que usar "Andanding". Por tres claras razones concatenadas: porque lo pone aquí.  Que es nuestra fe ciega en la propaganda que nos nos lleva al: porque es mejor . Y lo anterior - de modo fatal y finalmente - puede acabar conduciendo al definitivo porque sí.

Con lo cual ya el palabro se acaba haciendo carne y habitando (o habitanding) entre nosotros por muchos años. Y tu, lo flipas.

Así que ya saben: Andanding que es gerunding. Y todos Happy together de la muerte. Un mundo ideal.

lunes, 17 de abril de 2017

Clases de cálculo mecánico.... David Cruz.

El poema del joven poeta costarricense David Cruz  sobre una máquina avanzada o robot desvela interioridades y manías del artefacto junto con sensaciones ciertas de voluntad y emotividad: lo que no quiere, lo que le deprime… 


"Hermanillo robot" de andar por casa

El tono general es agradable pero nos deja cierta tensión esa mezcla de inteligencia programada  y sentimientos de la máquina del poema.  Sabemos que “la máquina no imagina una vida que no ha vivido” pero ignoramos los resultados que tendría en el test de Turing

Clases de cálculo mecánico para principiantes con Alan Turing.

La máquina no quiere pensar.
La máquina se deprime cuando ve los noticieros.
Se siente tonta cuando Kasparov la desafía.
Es fea cuando mira las revistas.
Quiere meterse en clases de esgrima,
pero no aceptan su petición porque no es ágil.

La máquina no quiere morir.
Jamás entenderá lo que es una lágrima.
No tiene militancia política.
No distingue entre carnívoros y vegetarianos
– las lechugas son rebanadas
igual que los filetes de res -.
No sabe que puede acabar con todo si se acuesta
sobre los rieles del tren.
No tiene miedo al Dios que la creó,
porque no se va a extinguir como él.

La máquina no sabe su número de serie.
Nunca le dieron su manual de uso para comprenderse.
No puede embriagarse cuando las cosas van mal.
Cuando observa una mujer hermosa no la desea.
No le gusta ir al zoológico,
ni los juegos de azar,
ni armar dinosaurios,
ni masturbarse, ni va a lecciones de quiromancia en los suburbios.

La máquina no morirá de malaria.
Sus genes no vienen enfermos.
No busca una ínsula como recompensa
por sus servicios.
No desea retirarse a cultivar vino en la Ribera del Duero.
No hará yoga en la Costa del Sol
para olvidar su pasado en un laboratorio
de Detroit o Tokio.
No cantará su cumpleaños, ni alabará a Fellini.
No recitará la canción cursi
con la que sus padres se conocieron.
La máquina no imagina una vida que no ha vivido.
Solo escarba sobre un cráter de Marte.
No sabe si se busca a si misma o nos busca a nosotros
que miramos los infografías de su misión
en el televisor de un bar,
mientras acabamos el último trago de cerveza
de este martes cualquiera.

David Cruz
(San José - Costa Rica, 1982)