miércoles, 25 de abril de 2018

De excursión con Sursuncorda. Aperitivo.

En Navas de Oro

Habíamos quedado en encontrarnos en Navas de Oro a la hora del aperitivo antes de la comida en el merendero TerencioNo sin trabajo, (baste con decir que para llegar a Navas de Oro tuvimos que salir del pueblo y volver a entrar), acabamos llegando, todavía después de alguna indagación adicional, a la Plaza Mayor. 




Escudo heráldico de Navas de Oro

Mientras Mª Cruz e Inma fueron a buscar el móvil de José al coche, entramos, en adelanto en el mesón Plaza Mayor. Muy limpio con una barra de pinchos no muy espectacular pero lucida. José me comento la afición en estos pueblos de comer estómagos de cerdo y los pedimos. Su nombre de guerra es cuajos (o cuajares). 

Los servían simplemente cocidos y fríos, con sal al gusto. Gustosos y con una especial textura (como toda casquería) pero sosos. Con un chorreton de aceite y pimentón o con un adobadito de matanza y un pase posterior por la plancha habrían estado mejor. Esto último fue lo que Pepi comentó que hacía ella con los cuajos. 

Después aparecieron Pajares y Pepi con Juanma y Loli y volvimos, ya todos, al asunto, con vinos verdejos, tintos de rivera y mas tapas: bacalao y gambas gabardina (buenos rebozados) y más cuajo. Pajares, José y Juanma recordaban, entre risas, sus andanzas de dulzaineros en la fiesta de San Cristobal del 10 de julio de este pueblo, con el multitudinario desfile de los camioneros y de los  camiones y de las bendiciones del cura del lugar.




El bar San-Bal

Después fuimos al San-Bal que es bar, restaurante y discoteca al tiempo, donde tomamos una oreja rebozada extraordinaria. Tajada grande sobre pan; rebozada con buen aceite y muy melosa. Me recordaba las tapas de lo mismo y de morro de Toro.

Despidiéndonos del San-Bal, con ello en el cuerpo y mejor que llegamos, dejamos Navas de Oro fuimos camino de Samboal, al encuentro del río Pirón, donde nos esperaban, en el merendero de Terencio, unos parros asados y el resto de la tropa Sursuncorda.




jueves, 12 de abril de 2018

Friso ultraísta. Guillermo de Torre.

Desde sus inicios, el cine y sus actores y argumentos han sido,  frecuentemente, tema y  objeto de la poesía. Además en muchos de los poemas pioneros en su contenido cinematográfico abundan referencias a las nuevas tecnologías que incorporaba el que luego se llamó séptimo arte: cinemática y óptica, sobre todo, pero también electricidad, megnetismo, química, etc. 


Un ejemplo de ello es el poema Friso ultraísta de Guillermo de Torre en que la “pantalla cinemática” provoca reacciones, sensaciones y neologismos ultraístas.


Friso ultraísta

Un clamor concéntrico,
estremece a los espectadores,
de nervios velivolantes,
y en el vértice multiédrico
del lumínico haz triangular,
se refractan miles de miradas dardeantes.

¡Oh el vibrar multánime de la pantalla cinemática!

Cabalgata de figuras adamitas
posesas del vértigo giróvago,                                    ANTENAS
en las praderas equinocciales

Horizontes paróxicos.
Subterráneas locomotoras.
LLAMARADAS                                               Constelaciones de aviones.
Sierpes de automóviles.
Ramilletes de hélices.

¡OH EL INEFABLE VÉRTIGO VIBRACIONISTA!

Interferencias de gestos antagónicos,
pasiones auríferas
     y complots sangrientos.
¡HURRA POR EL                                               ¡Un haz de fibras convulsivas
                    FILM                                           culmina en vértigo dinámico
          NORTEAMERICANO!                       la epopeya de la objetividad!...

Franjas multicromas se expanden:         (A un ángulo penumbroso
Persecuciones. Incendios.                           la incolora delicuescencia
Tiros. Salvamentos.                                     – besos, trucos y claro de luna –
del film italo y francés.)

El simultaneismo accional
                                            multiplica las diplopías.
CARAVANA                             
CINEMÁTICA

y las sensaciones dinámicas
                                   se inmovilizan unánimes
                                                              ante el objetivamente fotográfico.

Revista Grecia, Mayo, 1919
Guillermo de Torre. (Madrid, 1900 - Buenos Aires, 1971)


miércoles, 11 de abril de 2018

Marías, el vals Kupelwieser y Juan Benet

Aquí estamos de nuevo; con la escafandra puesta a ver si encontramos el punto. En la vuelta, este domingo, me he encontrado en El País Semanal con el Javier Marías que prefiero. Recuerda en Valsuna de sus raras columnas íntimas, (ya que en la mayoría se acaba metiendo siempre en charcos; lo que también me gusta), a Juan Benet en el vigésimo quinto aniversario de su muerte.





Juan Benet 
(Imagen de archivo. Diario de León, 17-10-2013)

Y ahí encontramos al "joven Marías", entusiasta acompañante y amigo de ese extravagante ciudadano, ingeniero notable y extraordinario escritor que fue Juan BenetEn el artículo aparece, (en realidad su núcleo principal), el vals Kupelwieser, mínima y delicada obra de Schubert, favorito exagerado, "a la benetiana", del escritor; que entendemos que pueda merecer - como al parecer hacía Juan Benet - su reproducción y escucha repetida y continua durante horas.

Obra cortísima, (entre menos de minuto y medio y dos y pico según versiones), fue interpretada por Schubert en la boda de su amigo Leopold Kupelwieser celebrada en 1826 y nunca quedó escrito por el músico vienés, sino que quedó como pieza de oido, propiedad de la familia Kupelwieser durante generaciones; hasta que fue transcrito por Richard Strauss en 1943.

No he visto en internet las versiones que menciona Marías en su columna. Me quedo con dos interpretaciones: la de Sergey Kuznetzov, rápida, y la de la joven pianista georgiana, Salome Jordania, más lenta y que me parece más sentida.

Con el frío y la lluvia petarda de esta primavera, volver a leer Otoño en Madrid hacia 1950, con el vals  Kupelwieser sonando repetido y contínuo, a la "benetiana",  varias horas. Un buen plan.



domingo, 25 de marzo de 2018

Fue despreciado

El pasado martes, 20 de marzo, la Orquesta de la Comunidad de Madrid interpretó, en el Auditorio Nacional, El Mesías de Haendel. Dirigido por Victor Pablo Pérez, sonó muy bien, con los contrabajos y violonchelos soberbios, el coro muy bien, como siempre,  y la contralto Hilary Summers excelsa.

Sonó muy bien este Mesías, preludio musical por antonomasia de la Semana Santa. Hoy ya ha pasado el Viernes de Dolores que, como sabemos. rememora los Dolores de la santísima Virgen María, pero en el que también podríamos haber reflexionado y rezado por los dolores de Nuestro Señor que recordamos cada Semana Santa.




Ecce Homo (Gil de Ronza, 1522)
Cofradía de la Vera Cruz de Zamora

En el principio de la segunda parte de El Mesías, después de Cordero de Diós, suena el ária para contralto He was despised (Fue despreciado), en el que el autor del libreto Charles Jennes, retoma la voz del profeta Isaías. 

He was despised and rejected of men,
a man of sorrows and acquainted with grief. (Isaías 53:3)

He gave his back to the smiters,
and His cheeks to them that plucked off the hair:
He hid not His face from shame and spitting. (Isaías 50:6).

Fue despreciado y rechazado por los hombres,
un varón de dolores y familiarizado con la aflicción.

Presentó su espalda a los que le azotaban,
y sus mejillas a los que le arrancaban el pelo;
pero no ocultó su rostro ni a las afrentas ni a los salivazos.

Un varón de dolores, azotado y escupido, que no ocultó su rostro: Jesús, Ecce Homo, en la tarde del Jueves Santo.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Es la lluvia que cae. Los Iracundos.

A lo mejor las canciones sobre la lluvia nos ayudan a entender estos incomprensibles y tristes días de lluvia a la que no estamos acostumbrados en estas latitudes; a medio camino entre La Mancha y camino Burgos.

En estos días me he encontrado con Es la lluvia que cae, de Los Iracundos, conjunto uruguayo de los sesenta que ha mantenido el tipo y su carrera más de 30 años. 





Es versión del tema Remember the Rain del poco conocido cantante de folk americano Bob Lind, lo que explica la letra con leves aires de canción protesta; en la línea de A Hard Rain's A-Gonna Fall o A cántaros. También he encontrado una versión italiana  E la pioggia che va, de un grupo de nombre The Rokes.

Indudablemente nos quedamos con Los Iracundos. Pero seguimos sumidos en la perplejidad de la lluvia.


viernes, 2 de marzo de 2018

Ventura Highway. America.

Go West! El espíritu de conquista del Oeste parecía seguir vivo en 1972 en que America, el grupo formado por Gerry Beckley, Dewey Bunnel y Dan Peek, sacó su segundo album, Homecoming en el que se encontraba el tema Ventura Highway.


El grupo había triunfado el año anterior con aquel Caballo sin nombre (A Horse With No Name) de su primer album, America, lleno de atinadas composiciiones de corte acústico con un esmerado trabajo de armonías vocales.

Y hoy, 46 años después, se nos antoja que Ventura Highway sigue siendo una gran canción que ha mejorado con el tiempo. Totalmente acústica, comienza con un original e hipnótico rif de guitarra, muy reiterado a lo largo del tema, que funciona como un reclamo, como un despertar del joven narrador que necesita movers desde los inhóspitos centros de los USA hacia la dorada costa californiana.

"Tell me, how long you gonna stay here Joe..."


América en 1972 en el programa de TV holandés
 AVRO's TopPop. (En Wikipedia)

Tras la primera estrofa, en la primera parte del poderoso estribillo, surge radiante la carretera a Ventura; a donde hay que ir

"Ventura Highway, in the sunshine
Where the days are longer,
The nights are stronger
Than moonshine.
You're gonna go, I know..."

En la continuación del estribillo, que toma otra forma melódica, se menciona el viento libre que sopla en el aire y nubes como caimanes y lagartos.

En la segunda estrofa el narrador se siente golpeado por una lluvia purpura: "Sorry, boy, but I've been hit by a purple rain",  que se ha comentado, insistentemente, si inspiraría Purple Rain de Prince; y vuelve a animar a Joe a ir al Oeste

"¡Aw, come on Joe, you can always 
Change your name!"

Y termina, gloriosa, de nuevo con el estribillo, "Ventura Highway, in the sunshine...", que se va apagando poco a poco; mientras se queda, para siempre, en nuestro corazón.


jueves, 1 de marzo de 2018

Lágrimas blancas.

Anteayer camino de la estación de Zamora, para volver a Madrid en el AVE, seguía nevando. El tiempo había pasado, en veinticuatro horas, de la casi primavera de la tarde anterior a la nieve, pasando por un frío polar por la mañana.





En ese momento, la nieve llevaba dos horas cayendo dulcemente, variando sólo su lenta caída los copos por pequeños remolinos cerca de las paredes de los edificios y en los cruces de las calles. Caía la nieve mansamente y me traía las palabras de la canción de Adamo:

"es como un cortejo 
de lágrimas blancas,
y el pájaro canta
las penas del alma.

Esta tarde no vendrás..."

Lágrimas blancas de melancolía y de recuerdos de los que ya no están. Esta nieve mansa del finales  de febrero en Zamora.

Cae la nieve. 1963. Salvatore Adamo